La economía y el problema de la escasez
1.000 millones al año y 800.000 habitantes que atender
El Ayuntamiento de València gestiona un presupuesto cercano a los mil millones de euros anuales. Cada euro que va a las Fallas es un euro que no va a transporte público; cada euro a transporte es uno que no va a sanidad o a servicios sociales. Las partidas compiten dentro de un presupuesto cerrado y alguien tiene que ordenar las prioridades cada año.
¿Cómo se decide qué va primero cuando financiar una cosa significa, inevitablemente, no financiar otra?
La escasez
Un problema estructural, no una cuestión de pobreza
La escasez es el desajuste permanente entre unos recursos limitados y unos deseos que en conjunto no tienen fin. Afecta también a quien tiene mucho: una persona millonaria sigue teniendo veinticuatro horas al día. No se resuelve teniendo más, porque al tener más aparecen deseos nuevos. Cubierta la comida queremos variedad; cubierta la vivienda, la queremos mejor.
Sin escasez no habría economía. Si todo fuera ilimitado, no haría falta decidir nada, y elegir es el acto económico fundamental.
Con recursos limitados, producir más de un bien obliga a renunciar a otro. Un punto interior es ineficiencia, no escasez.
Las tres preguntas que impone la escasez
- ¿Qué producir? Con recursos limitados no cabe todo: más alimentos o más coches, más vivienda o más ocio.
- ¿Cómo producir? Con qué técnicas, con más máquinas o más personas, contaminando más o menos.
- ¿Para quién producir? Cómo se reparte entre los miembros de la sociedad lo que se ha producido.
- No las inventa el economista, las impone la escasez. Si los recursos fueran infinitos no habría nada que decidir.
Cómo reparte España su empleo entre los tres sectores: una respuesta muy concreta a la pregunta de qué producir.
Bien libre y bien económico
El coste de oportunidad
La idea más útil de toda la materia
El coste de oportunidad de una decisión es el valor de la mejor alternativa a la que se renuncia al tomarla. No es un coste que salga en una factura: es un coste real, medido en aquello que se sacrifica. Enseña a pensar en lo que no se ve, que es precisamente lo que casi nadie mira al decidir.
La decisión inteligente no es la que no tiene coste —esa no existe—, sino la que vale más de lo que cuesta dejar pasar.
Existe siempre, aunque no haya factura
El coste de oportunidad de pasar el sábado con videojuegos es lo que podrías haber hecho con ese mismo tiempo. El de estudiar una carrera no es solo la matrícula: es también el sueldo que dejas de ganar durante esos años. Cada hora de móvil tiene el suyo, y no porque usar el móvil esté mal, sino porque ese tiempo no está disponible para otra cosa.
Pensar en coste de oportunidad no significa renunciar al ocio. Significa saber qué estás dejando fuera cuando eliges.
Decides estudiar un grado universitario de cuatro años. ¿Cuál es su coste de oportunidad?
- ASolo el precio de la matrícula y los materiales
- BLa matrícula más el sueldo que dejas de ganar durante esos cuatro años
- CNada, porque estudiar es una inversión y no un gasto
- DEl sueldo que ganarás después menos lo que te ha costado
Solución: B.El coste de oportunidad suma lo que pagas y lo que dejas de recibir. La matrícula sale en la factura; los cuatro años de salario no salen en ninguna, y suelen ser la parte más grande del coste.
Escasez y eficiencia
La ineficiencia es escasez autoinfligida
Una asignación es eficiente cuando aprovecha al máximo lo disponible: no deja talento parado, ni máquinas sin usar, ni materias primas pudriéndose. Una economía con paro elevado tiene personas dispuestas a trabajar que no producen nada. Una ciudad con edificios públicos vacíos mientras falta espacio está desperdiciando un recurso.
La escasez es inevitable; la ineficiencia, no. En estos casos no falta el recurso: falta usarlo bien.
Escasez autoinfligida, en cifras
Dato del Ministerio de Agricultura: un mínimo histórico y aun así unos 24 kilos por persona al año. A escala mundial la FAO estima que se pierde o desperdicia cerca de un tercio de todo lo producido para consumo humano.
La paradoja del valor

Valor de uso y valor de cambio
Lo que decide el precio es la última unidad
No es la utilidad total de un bien lo que fija su precio, sino la utilidad de la última unidad disponible, y esa depende de su escasez. El agua es tan abundante que un litro más apenas añade nada a lo que ya tenemos. Los diamantes son tan escasos que cada unidad disponible se valora muchísimo.
La paradoja desaparece en cuanto se unen utilidad y escasez. El precio no mide cuánto importa un bien, sino cuánto importa tener uno más.

El agua que sí cuesta una fortuna
En situaciones de escasez extrema el agua deja de ser barata de golpe. Ciudad del Cabo estuvo a punto de quedarse sin agua corriente en el llamado Día Cero: su precio y su valoración se dispararon de la noche a la mañana, mientras nadie pagaba más por diamantes. El experimento mental de Smith se cumplió al pie de la letra.
El valor no está en el objeto. Está en la relación entre su utilidad y su disponibilidad, y esa relación puede cambiar en semanas.
Cómo decide una sociedad
Tres formas de asignar recursos escasos
- Tradición: las cosas se hacen como siempre. El oficio se hereda, la costumbre reparte. Da estabilidad y se adapta mal.
- Autoridad: una instancia central decide qué se produce y cómo se reparte. Orienta grandes objetivos, pero exige mucha información.
- Mercado: millones de personas compran y venden libremente, y los precios coordinan sin que nadie dé la orden.
- La pregunta nunca es mercado o Estado en abstracto, sino qué se asigna mejor por cada vía.

Nadie tiene que anunciar que faltan tomates
Cuando un producto escasea y mucha gente lo quiere, su precio sube; ese precio alto desanima a parte de los compradores y anima a más vendedores a producirlo, hasta que el desajuste se corrige. Cuando algo sobra, ocurre lo contrario. El precio transmite información sobre la escasez relativa de cada cosa sin que nadie la comunique.
En 2022 la energía se disparó y todos redujeron consumo sin que nadie lo ordenara. El mercado coordina sin mandar, y golpea a quien menos puede pagar.
La economía como ciencia social
Tres dificultades propias del análisis económico
- La realidad es complejísima: en cualquier fenómeno intervienen miles de factores y nunca se puede mantener todo lo demás constante.
- Casi no se puede experimentar: no cabe recrear la economía de un país para probar qué pasaría con otra política.
- El objeto de estudio reacciona: si se anuncia que algo va a subir, la gente lo compra antes y eso ya altera el resultado.
- Las piedras no hacen esto; las personas sí. Por eso hay desacuerdos legítimos donde la física tendría consenso.
Un modelo es un mapa, no una foto
Un modelo económico es una representación simplificada que selecciona lo relevante y deja fuera el resto. Un mapa no reproduce cada árbol ni cada bache: si lo hiciera sería tan grande e inútil como el territorio. No se juzga por realista, sino por útil. La matemática es aquí una herramienta para razonar con orden, no una garantía de verdad.
Un buen economista no es el que más complica, sino el que mejor elige qué simplificar. Y no funciona aislada: necesita psicología, sociología, filosofía y ecología.
Cada presupuesto es un retrato de valores
El coste de oportunidad de cada partida es todo lo que se renuncia a financiar con ese mismo dinero. Más Fallas significa menos sanidad; más sanidad, menos transporte. Por eso las decisiones sobre qué financia lo público son, en última instancia, decisiones sobre qué valoramos más como sociedad.
No hay una respuesta técnica correcta. Hay una elección política sobre qué prioridades comparte una ciudad, y la escasez la vuelve inevitable.
Hasta aquí la teoría
Continúa en el libro de la unidad.