Decisiones económicas: racionalidad y comportamiento
Tiempo estimado de lectura: ~25 min · Saberes LOMLOE: A.2.2, A.2.3, A.2.4 · Pre-requisitos: Unidad 1 (la economía y el problema de la escasez). Al acabar esta unidad sabrás: Diferenciar el individualismo metodológico de la mirada sociológica y entender por qué la economía necesita ambas.
El homo economicus racional de los manuales no existe. Esta unidad presenta cómo decidimos de verdad —con sesgos, heurísticas y emociones— y cómo aprovechar la psicología conductual para decidir mejor.
The Economist duplicó sus ventas añadiendo una opción que nadie iba a comprar
En la Unidad 1 vimos que la economía nace de la escasez y que toda economía debe decidir qué producir, cómo y para quién. Detrás de cada una de esas grandes preguntas hay, en realidad, millones de decisiones humanas: qué estudiar, qué comprar, en qué trabajar, si montar un negocio o aceptar un empleo, cómo repartir un presupuesto público.…
¿Por qué añadir una opción mala cambia lo que elegimos entre las buenas?
Dos formas de explicar la conducta: individuo o grupo
Individualismo metodológico
Cuando queremos entender por qué la gente hace lo que hace en el terreno económico, podemos empezar por dos puntos de partida muy distintos. Uno mira al individuo; el otro, al grupo. Ninguno es falso; cada uno ilumina cosas que el otro deja en sombra. El individualismo metodológico.
El comportamiento racional y sus fallos
Racionalidad acotada (Herbert Simon)
Una vez aceptado que partimos del individuo que decide, la pregunta siguiente es: ¿cómo decide ese individuo? Durante mucho tiempo, la economía respondió con un modelo elegante y exigente: el del agente perfectamente racional. El modelo del agente racional (homo economicus).
Función de valor de la teoría prospectiva: una pérdida de magnitud x duele más de lo que agrada una ganancia equivalente. Por eso cuesta tanto abandonar un proyecto que no funciona.
Una forma útil de ordenar los sesgos es clasificarlos según en qué parte de la decisión actúan: unos distorsionan los datos que recogemos (confirmación, anclaje) y otros distorsionan la valoración que hacemos de ellos. El siguiente mapa sitúa cuatro sesgos frecuentes —algunos ya vistos— en esos ejes, con un antídoto práctico para cada uno.
Cuatro sesgos cognitivos según en qué parte de la decisión actúan (sobre los datos o sobre la valoración) y hacia dónde miran (al pasado o al presente). Cada casilla incluye un antídoto práctico.
¿Son los sesgos un defecto o una herramienta?
Conviene cerrar este apartado con un matiz importante para el perfil de quien decide. Las heurísticas no son simplemente «errores»: son atajos que la evolución ha afinado porque, la mayoría de las veces, funcionan bien y rápido. Decidir con información perfecta y cálculo completo sería paralizante;
La utilidad, la maximización y la felicidad
El filósofo que pidió quedarse en la universidad para siempre
Llegamos a la pregunta que conecta la economía con la filosofía: cuando un agente económico decide, ¿qué intenta conseguir exactamente? La respuesta clásica tiene un nombre y una larga historia. Los agentes y la maximización de la utilidad. El utilitarismo presupone que la felicidad puede compararse y, en alguna medida, medirse.
Uno de sus hallazgos más célebres es la llamada paradoja de Easterlin (1974): a partir de cierto nivel de renta, que un país sea más rico no garantiza que su población se declare más feliz. El dinero importa para la felicidad —sobre todo cuando falta lo básico—, pero no de forma ilimitada ni mecánica.
El Informe de la Felicidad Mundial: por qué los países nórdicos lideran
Desde 2012, el World Happiness Report ordena a los países según el bienestar subjetivo que declara su población (en una escala de 0 a 10). Año tras año, los primeros puestos los ocupan países nórdicos —Finlandia encabeza la lista de forma sostenida en las ediciones recientes—, y no son los más ricos del mundo en renta per cápita.
Bienestar social, eficiencia y equidad: la mirada ética
Eficiencia versus equidad
Hasta aquí hemos hablado de la decisión individual. Pero las decisiones económicas también son colectivas: una sociedad decide cómo organizar la producción y, sobre todo, cómo repartir lo producido. Aquí la economía se encuentra de lleno con la ética. Del bienestar individual al bienestar social.
Cuánto redistribuye España: de la desigualdad de mercado a la desigualdad final
La eficiencia es un criterio necesario, pero no es suficiente para juzgar una sociedad. Por eso el análisis económico no puede ser neutral del todo: elegir cuánta equidad sacrificar por eficiencia (o al revés) es una decisión normativa, cargada de valores. La desigualdad de renta se mide con el coeficiente de Gini (0 = igualdad total;
Bienestar económico y calidad de vida
El último matiz cierra el círculo abierto con la felicidad. El bienestar económico —medido por la renta, el consumo o el PIB— no es lo mismo que la calidad de vida. Vivir bien depende también de la salud, la educación, el medio ambiente, el tiempo libre, la seguridad y las relaciones sociales, cosas que el dinero solo capta en parte.
Por eso, junto a los indicadores monetarios, se han desarrollado medidas más amplias. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo combina renta, esperanza de vida y educación. Otros índices incorporan la sostenibilidad ambiental o la desigualdad.
Lo esencial de la unidad
El individualismo metodológico explica los hechos sociales a partir de las decisiones individuales; la perspectiva sociológica toma el grupo como unidad de análisis. Son complementarias, no rivales. El modelo del comportamiento racional (homo economicus) supone información, cálculo y coherencia.
Conexión con las siguientes unidades
Lo aprendido aquí vertebra el resto del bloque y de la materia. La distinción entre eficiencia y equidad y la idea de bienestar reaparecen en la Unidad 3, donde la economía se conecta con la sostenibilidad, la ética y los ODS.
Hasta aquí la teoría
Continúa en el libro de la unidad.