Primer contacto con la economía: consumo responsable, dinero y ahorro, empresas y emprendimiento, trabajo e impuestos. La optativa que abre el camino hacia 4.º ESO.
9 unidades · Currículo estatal LOMLOE · Real Decreto 217/2022 (optativa de iniciación económica y emprendedora)
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Este libro se basa en el currículo básico estatal LOMLOE para Taller de Economía (Real Decreto 217/2022 (optativa de iniciación económica y emprendedora)). Cada comunidad autónoma establece concreciones específicas en su currículo propio; conviene consultar la concreción de vuestra CCAA para ajustar la programación al centro.
Composición tipográfica con Fraunces y Switzer. Generado con Astro y paged.js. Comentarios, erratas y propuestas: hola@profedeeconomia.es.
No tienes dinero infinito, ni tiempo infinito, ni espacio infinito en la mochila. Por eso, cada día, eliges. La economía empieza ahí: en lo que decides cuando no puedes tenerlo todo.
Tiempo de lectura: ~14 min · Saberes: escasez, necesidades, recursos, coste de oportunidad · Antes de empezar: nada, es la primera unidad del curso.
Al acabar esta unidad sabrás:
- Explicar con tus palabras qué estudia la economía y por qué existe.
- Diferenciar lo que necesitas de lo que te apetece, y los bienes que son gratis de los que cuestan.
- Reconocer que los recursos para producir son limitados.
- Calcular el coste de oportunidad de cualquier decisión, también de las tuyas.
Imagina que el sábado tienes 20 € en el bolsillo y dos planes a la vista: ir al cine con palomitas (15 €) o pillarte una camiseta que llevas tiempo mirando (18 €). No te llega para las dos cosas. Si eliges el cine, te quedas sin camiseta; si eliges la camiseta, te quedas sin peli. Tengas la edad que tengas, esa situación te suena, porque la vives cada semana.
Pues bien: eso ya es economía. No los gráficos raros de los telediarios ni las palabras complicadas de los políticos, sino algo mucho más cercano. La economía estudia cómo las personas, las familias, las empresas y los países toman decisiones cuando no pueden tenerlo todo. Y como casi nunca podemos tenerlo todo, la economía está en todas partes: en tu bolsillo, en la nevera de tu casa, en el recreo del instituto y en las noticias.
Esta unidad abre el curso explicando de dónde nace la economía (la escasez), qué cosas queremos (las necesidades), con qué las conseguimos (los recursos) y por qué cada vez que elegimos algo estamos renunciando a otra cosa (el coste de oportunidad). Son cuatro ideas sencillas que vas a usar todo el año.
Si el dinero fuera infinito, si los días tuvieran mil horas y si en las tiendas hubiera de todo para todos sin límite, la economía no existiría. Cogeríamos lo que quisiéramos, cuando quisiéramos. El problema —y la razón de ser de esta asignatura— es que eso no pasa nunca.
Llamamos escasez a esta situación: nuestros deseos son prácticamente ilimitados, pero los medios para satisfacerlos son limitados. Quieres ropa, móvil, viajes, videojuegos, salir con amigos, ahorrar para el carné de conducir… La lista no se acaba. Pero el dinero, el tiempo y las cosas disponibles, sí se acaban.
Cuidado con una confusión muy típica: escasez no significa “pobreza” ni “que no haya casi nada”. Una persona rica también vive en escasez, porque tampoco puede tener absolutamente todo lo que desea ni estar en dos sitios a la vez. La escasez es una característica del mundo, no de tu cuenta bancaria.
Como hay escasez, hay que elegir. Y elegir bien —sacarle el máximo partido a lo que tienes— es justo lo que esta asignatura te va a ayudar a entrenar. No para que te hagas rico, sino para que tomes decisiones con la cabeza y no te arrepientas después.
Elegimos porque queremos cubrir necesidades. Una necesidad es la sensación de que nos falta algo y el deseo de conseguirlo. Algunas son básicas para vivir; otras hacen la vida más cómoda o agradable, pero podríamos sobrevivir sin ellas.
Para entenderlas mejor las clasificamos en dos grandes grupos:
La frontera entre unas y otras no siempre es nítida y cambia con la época y la cultura. Hace cincuenta años el móvil no existía y nadie lo “necesitaba”; hoy, sin uno, te quedas fuera de muchas cosas del día a día. Por eso conviene tener una cabeza crítica: distinguir lo que de verdad necesitas de lo que simplemente te apetece en este momento es una de las habilidades más útiles para no malgastar tu dinero. Volveremos a ello en la Unidad 3, cuando hablemos de consumo responsable.
Cubrimos las necesidades con bienes y servicios:
Y dentro de los bienes hay una distinción importante:
La economía se ocupa, sobre todo, de los bienes económicos: precisamente porque son escasos, hay que decidir cómo se producen, cuántos se producen y quién los recibe.
Los bienes y servicios no aparecen de la nada: hay que producirlos, y para producirlos hacen falta recursos (los economistas también los llaman factores de producción). Son básicamente tres:
Lo importante es que estos recursos también son limitados. No hay infinita tierra de cultivo, ni infinitas personas trabajando, ni infinitas máquinas. Por eso ningún país, por rico que sea, puede producir todo lo que quisiera. Vuelve a aparecer la escasez, ahora del lado de la producción.
Llegamos a la idea más potente de la unidad, y una de las más útiles de toda la economía. Cada vez que eliges algo, automáticamente estás renunciando a otra cosa. A eso lo llamamos coste de oportunidad.
El coste de oportunidad de una decisión es el valor de la mejor alternativa a la que renuncias al elegir. No es lo que pagas en dinero, sino lo que dejas de tener o de hacer.
Volvamos al sábado del principio: tenías 20 € y elegiste el cine (15 €). El coste de oportunidad no son solo los 15 € que has gastado, sino la camiseta que ya no te puedes comprar. Has ganado una tarde de cine, pero has perdido la camiseta. Eso es el coste de oportunidad.
Y no solo pasa con el dinero. También con el tiempo, que es el recurso más escaso de todos porque, a diferencia del dinero, no se puede ahorrar ni recuperar:
Lo bonito del coste de oportunidad es que te obliga a pensar de verdad. No basta con preguntarte “¿cuánto cuesta esto?”, sino “¿a qué estoy renunciando si lo hago?”. Quien aprende a pensar así toma decisiones mucho mejores, tanto con su dinero como con su tiempo.
Ahora que tienes las cuatro ideas —escasez, necesidades, recursos y coste de oportunidad—, fíjate en cuántas decisiones económicas tomas sin darte cuenta:
La economía no es algo que les pase a los demás “ahí fuera”. Eres un agente económico desde que tienes tu primer euro y tu primera tarde libre. Por eso este curso empieza por aquí: para que veas que la economía no es un mundo aparte, sino el nombre que le ponemos a algo que ya haces todos los días.
Esta unidad es la puerta de entrada al Taller de Economía. Has visto que la economía nace de la escasez y de la necesidad de elegir. En la Unidad 2 verás que no eliges tú solo: hay otros agentes (familias, empresas y Estado) que toman decisiones y se relacionan entre sí en lo que llamamos el flujo circular de la renta. En la Unidad 3 aplicarás todo esto a tus compras, para consumir de forma inteligente y responsable.
Más adelante el curso entra en el dinero y los medios de pago (Unidad 4), tu presupuesto y tu ahorro (Unidad 5), las empresas y el emprendimiento (Unidad 6), el mundo del trabajo (Unidad 7), los impuestos y los servicios públicos (Unidad 8) y, para cerrar, un pequeño proyecto propio sobre economía sostenible (Unidad 9).
Si esta unidad te ha picado la curiosidad, aquí tienes recursos pensados para tu edad:
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para debatir en clase o pensar a solas al cerrar la unidad:
Tu paga viene del trabajo de alguien, que cobra de una empresa, que vende a otras familias, que pagan impuestos al Estado, que devuelve servicios a todos. La economía es un círculo, y tú estás dentro.
Tiempo de lectura: ~15 min · Saberes: agentes económicos, mercado, flujo circular · Antes de empezar: la Unidad 1 (escasez, recursos) ayuda, pero esta unidad se puede seguir sola.
Al acabar esta unidad sabrás:
- Nombrar los tres agentes económicos y decir qué hace cada uno.
- Explicar qué es un mercado, con ejemplos de tu pueblo o ciudad.
- Leer el esquema del flujo circular y seguir por dónde va el dinero.
- Situarte a ti mismo dentro del circuito económico.
En la Unidad 1 viste que cada persona toma decisiones económicas cuando elige cómo usar lo que tiene. Pero ninguna persona vive en una isla: tu paga sale del sueldo de quien la trabaja, ese sueldo lo paga una empresa, esa empresa vende sus productos a otras familias, esas familias pagan impuestos al Estado y el Estado devuelve a todos servicios como la educación o la sanidad. Todo está conectado.
En esta unidad vamos a ordenar ese lío. Para entender una economía no hace falta seguir a millones de personas una por una: basta con agruparlas en unos pocos agentes económicos que se comportan de forma parecida. Veremos quiénes son, cómo se ponen de acuerdo en los mercados y cómo el dinero circula entre todos formando un círculo que no para nunca: el flujo circular de la renta.
Un agente económico es cualquier persona, grupo u organización que toma decisiones económicas: producir, consumir, ahorrar, cobrar impuestos, contratar… En vez de estudiar a cada individuo, los economistas agrupan a todos en tres grandes agentes que actúan de forma parecida.
A estos tres se les añade a veces un cuarto, el sector exterior (el resto del mundo: lo que vendemos fuera y lo que compramos de fuera), pero en este curso nos centraremos sobre todo en los tres principales. Vamos a verlos uno a uno.
Una familia o economía doméstica es un grupo de personas que viven juntas y comparten sus ingresos y sus gastos. Tu casa es una economía doméstica. También lo es una persona que vive sola: no hace falta ser muchos.
¿Qué hacen las familias en la economía? Básicamente dos cosas:
A cambio de aportar esos recursos, las familias reciben rentas: el sueldo del trabajo (salario), el alquiler de un piso, los intereses del banco. Con esas rentas, vuelven a consumir. ¿Ves ya el círculo empezando a formarse?
Una empresa es una organización que combina recursos (trabajo, máquinas, materiales) para producir bienes y servicios y venderlos. Una panadería, un taller mecánico, una app de reparto, una fábrica de zapatos o el supermercado del barrio son empresas.
¿Qué hacen las empresas?
El objetivo habitual de una empresa privada es obtener beneficio: que lo que ingresa por vender sea mayor que lo que gasta en producir. Pero también existen empresas cuyo fin principal no es ganar dinero, sino resolver un problema social (lo verás en la Unidad 6, cuando hablemos de economía social y emprendimiento).
El Estado o sector público es el conjunto de administraciones que organizan la vida en común: el Gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Es un agente económico muy especial, porque su papel es distinto al de los demás.
¿Qué hace el Estado?
El Estado recoge dinero de todos a través de los impuestos y lo devuelve en forma de servicios que sería imposible que cada familia se pagara por su cuenta (¿te imaginas pagar tú solo una carretera o un hospital?). Le dedicaremos la Unidad 8 entera.
Los agentes no actúan aislados: se encuentran en los mercados. Un mercado es cualquier lugar o sistema donde compradores y vendedores se ponen en contacto para intercambiar bienes, servicios o recursos a cambio de un precio.
Ojo: un mercado no tiene por qué ser un sitio físico con puestos. Hay muchos tipos:
En un mercado, el precio es la señal que pone de acuerdo a las dos partes. Si mucha gente quiere un producto y hay poco (escasez, otra vez), el precio sube; si hay mucho producto y poca gente que lo quiere, el precio baja. Ese tira y afloja entre lo que la gente quiere comprar y lo que se ofrece a la venta es el motor de los precios. En 1.º de Bachillerato lo estudiarás con detalle bajo el nombre de “oferta y demanda”; por ahora basta con la idea.
Llegamos a la idea central de la unidad. Si juntas todo lo anterior, descubres algo precioso: el dinero no se queda quieto, circula sin parar entre los agentes formando un círculo. A ese circuito lo llamamos flujo circular de la renta.
La idea es esta. Las familias dan su trabajo a las empresas; las empresas pagan sueldos a las familias; las familias usan esos sueldos para comprar lo que producen las empresas; las empresas ingresan ese dinero y vuelven a pagar sueldos… y vuelta a empezar. En medio, el Estado cobra impuestos a unos y a otros y devuelve servicios públicos a todos. El dinero da vueltas y vueltas, y mientras lo hace, mantiene viva toda la economía.
No te asustes por las palabras del esquema (consumo, salarios, impuestos, exportaciones…). Léelo despacio siguiendo las flechas:
La conclusión es lo importante: la economía es un sistema en el que todo está conectado. Si las familias dejan de consumir, las empresas venden menos; si venden menos, contratan a menos gente; si hay menos gente trabajando, las familias tienen menos dinero para consumir… y el círculo se frena. Esto explica por qué cuando hay una crisis “todo se hunde a la vez”: el círculo se ralentiza para todos al mismo tiempo.
Quizá pienses que todo esto es cosa de adultos con nóminas y empresas. No lo es. Tú ya estás dentro del flujo circular, aunque sea en un papel pequeño:
Entender el círculo sirve para algo muy práctico: te ayuda a ver que tus decisiones no son solo tuyas, que tienen efecto en los demás, y que lo que pasa “en la economía” del país acaba llegando a tu casa. No eres un espectador: eres un agente.
Si esta unidad te ha picado la curiosidad, aquí tienes recursos pensados para tu edad:
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para debatir en clase o pensar a solas al cerrar la unidad:
Comprar parece fácil: ves algo, lo pagas, te lo llevas. Pero detrás de cada compra hay anuncios pensados para convencerte, derechos que te protegen y un planeta que paga la factura. Aprender a comprar bien es una de las cosas más útiles que harás este curso.
Tiempo de lectura: ~16 min · Saberes: consumo responsable, derechos del consumidor, publicidad, sostenibilidad · Antes de empezar: la Unidad 1 (necesidades, bienes) te ayuda a distinguir lo que necesitas de lo que te apetece.
Al acabar esta unidad sabrás:
- Frenar antes de comprar y decidir con la cabeza, no con el impulso.
- Reconocer las técnicas que usa la publicidad para convencerte.
- Nombrar tus derechos como consumidor y saber cómo reclamar.
- Entender qué tiene que ver tu compra con el cuidado del planeta.
En la Unidad 1 viste que las familias somos, sobre todo, consumidoras: nos pasamos la vida comprando bienes y servicios para cubrir necesidades. Y a los 14 o 15 años ya consumes mucho más de lo que parece: ropa, móvil, datos, suscripciones, comida, transporte, ocio. Aunque casi nunca firmes un contrato, cada semana tomas decenas de decisiones de compra.
El problema es que casi nadie nos enseña a comprar bien. Aprendemos a leer, a sumar y a usar el móvil, pero no a distinguir un buen producto de uno malo, ni a defendernos cuando algo nos sale mal, ni a darnos cuenta de cuándo un anuncio nos está manipulando. Esta unidad va de eso: de consumir de forma inteligente (gastando bien tu dinero) y responsable (pensando también en los demás y en el planeta). Es, probablemente, una de las unidades más prácticas de todo el curso.
Hay dos formas de comprar. La primera es el consumo impulsivo: comprar de golpe, sin pensar, llevado por las ganas del momento. Ves algo, te gusta, lo pagas y a veces te arrepientes al llegar a casa. La segunda es el consumo inteligente: parar un segundo, pensar si de verdad lo necesitas, comparar opciones y decidir con calma.
No se trata de no comprar nunca nada por capricho —eso sería triste y aburrido—, sino de darte cuenta de cuándo estás comprando con la cabeza y cuándo con el impulso. Quien lo distingue gasta su dinero mucho mejor y disfruta más de lo que compra, porque no acumula trastos que luego no usa.
Antes de cualquier compra que no sea trivial, prueba esta rutina sencilla. Cabe en treinta segundos:
Si compramos por impulso es, en gran parte, porque alguien trabaja muy duro para que lo hagamos. La publicidad es el conjunto de mensajes que las empresas usan para dar a conocer sus productos y, sobre todo, para convencerte de que los compres. Está por todas partes: en el móvil, en YouTube, en las camisetas de los futbolistas, en los videojuegos, en las calles.
La publicidad no es mala en sí misma: gracias a ella te enteras de que existen productos que te pueden interesar. El problema es cuando usa técnicas para que compres cosas que no necesitas o que no son tan buenas como prometen. Conviene conocer sus trucos más habituales para no caer en ellos:
Aquí llega una de las partes más útiles de la unidad. Cuando compras algo, la ley te protege. Eres un consumidor —una persona que compra para usar, no para revender— y, como tal, tienes derechos que las empresas están obligadas a respetar. La norma principal en España es la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios (Real Decreto Legislativo 1/2007).
No hace falta que te la sepas de memoria. Quédate con estos derechos básicos, que son los que más vas a usar:
Reclamar funciona mucho más a menudo de lo que la gente cree, porque a las empresas les sale más caro discutir que solucionarte el problema. Estos son los primeros pasos:
La clave es no quedarse callado. La mayoría de los problemas de consumo se resuelven en el primer o segundo paso, simplemente porque sabes que tienes razón y la reclamas con educación pero con firmeza.
Hasta aquí, comprar bien para ti. Pero ser un consumidor responsable es también pensar en algo más grande: el planeta y las personas que fabrican lo que compras. A esto lo llamamos consumo sostenible o responsable.
Cada producto que compras tiene una “mochila invisible”: para fabricarlo se han usado recursos naturales (agua, energía, materiales), se ha contaminado un poco y, cuando lo tires, se convertirá en residuo. Una camiseta barata, por ejemplo, ha consumido miles de litros de agua y quizá la ha cosido alguien que cobra muy poco. No lo ves en la etiqueta, pero está ahí.
El modelo de consumo en el que vivimos suele ser lineal: extraemos materiales, fabricamos, usamos un tiempo corto y tiramos. Comprar, usar, tirar; comprar, usar, tirar. Frente a ese modelo, cada vez se habla más de la economía circular: un modelo que intenta que los materiales no se conviertan en basura, sino que vuelvan al ciclo reduciendo, reutilizando, reparando y reciclando.
¿Y qué puedes hacer tú? Más de lo que crees. No hace falta cambiar el mundo de golpe; basta con cambiar algunos hábitos:
Este último apartado conecta directamente con la Unidad 9, la que cierra el curso, donde trabajarás los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y diseñarás un pequeño proyecto propio. El consumo responsable es el primer paso de esa mirada sostenible que recorrerá todo el Taller.
Si esta unidad te ha picado la curiosidad, aquí tienes recursos pensados para tu edad:
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para debatir en clase o pensar a solas al cerrar la unidad:
El dinero parece la cosa más natural del mundo, pero es uno de los inventos más sorprendentes de la humanidad: un acuerdo de confianza que cabe en el bolsillo. Hoy ese acuerdo viaja por el móvil, y por eso hay que entender cómo funciona y cómo protegerlo.
Tiempo estimado de lectura: 14-16 min · Bloque: B (la actividad económica en tu vida) · Antes de empezar: nada especial; basta con haber visto en la Unidad 2 quiénes son las familias, las empresas y el Estado.
Al acabar esta unidad sabrás:
- Explicar qué es el dinero y por qué se inventó para resolver los problemas del trueque.
- Nombrar las tres funciones del dinero y poner un ejemplo de cada una.
- Distinguir el efectivo del pago digital (tarjeta, Bizum, móvil) y decir cuándo conviene cada uno.
- Explicar para qué sirve un banco y qué es una cuenta.
- Reconocer los engaños más típicos del fraude digital y saber cómo no caer en ellos.
Imagina que vives hace 4.000 años, eres pastor y tienes ovejas, pero necesitas trigo para el invierno. Buscas a alguien que tenga trigo y que, además, justo quiera ovejas. Y que las quiera ahora. Y que esté de acuerdo en cuántos kilos de trigo vale una oveja. Si falta cualquiera de esas condiciones, te quedas sin trigo. Ese problema —tener que encontrar a alguien que quiera exactamente lo que tú tienes y tenga exactamente lo que tú quieres— se llama el problema del trueque, y es la razón por la que la humanidad inventó el dinero.
Hoy casi nadie hace trueque, pero el dinero sigue ahí, tan presente que ni lo pensamos. Pagas el bocadillo, recargas el móvil, te hacen un Bizum por la entrada del cine. Esta unidad explica qué es de verdad ese invento, las tres cosas para las que sirve, cómo ha pasado de las monedas a la pantalla del móvil y, sobre todo, cómo protegerlo de quienes intentan robártelo sin ni siquiera tocarte el bolsillo.
El dinero es cualquier cosa que una sociedad acepta de forma general para pagar bienes, servicios y deudas. La clave está en esa palabra: acepta. Un billete de 10 € no vale 10 € porque el papel valga eso —vale unos céntimos—, sino porque todos confiamos en que el siguiente comercio lo aceptará. El dinero es, antes que nada, un acuerdo de confianza compartido por millones de personas.
Antes del dinero, las personas intercambiaban unas cosas por otras directamente: una gallina por unas verduras, una jornada de trabajo por comida. Eso es el trueque, y tiene tres problemas grandes:
El dinero resuelve los tres problemas de golpe. Por eso, en casi todas las civilizaciones del mundo —sin ponerse de acuerdo entre ellas— se acabó inventando algo parecido: conchas, sal, granos de cacao, piezas de metal y, finalmente, monedas y billetes.
El dinero sirve para tres cosas distintas a la vez. Entenderlas ayuda a comprender por qué es tan útil.
Pagar es entregar dinero a cambio de algo. Lo que ha cambiado mucho en los últimos años no es el dinero, sino la forma de moverlo. Hoy conviven varias formas de pagar.
El efectivo son los billetes y las monedas físicas. En la zona euro lo emite el Banco Central Europeo junto con los bancos centrales nacionales (en España, el Banco de España). Sus ventajas: lo entiende todo el mundo, funciona sin batería ni internet, no cobra comisiones y permite controlar el gasto (cuando se acaba, se acaba). Sus inconvenientes: se puede perder o robar, hay que llevarlo encima y no sirve para comprar por internet.
Una tarjeta de débito está conectada a tu cuenta del banco. Cuando pagas, el dinero sale al instante de tu cuenta. Solo puedes gastar lo que tienes. Es el medio digital más sencillo y seguro para empezar, porque no te puedes endeudar con ella.
Una tarjeta de crédito funciona distinto: el banco te adelanta el dinero y tú se lo devuelves después, normalmente a final de mes. Si lo devuelves a tiempo, suele ser gratis; si lo aplazas, el banco cobra intereses, a veces muy altos. La trampa es psicológica: como el dinero no sale en el momento, es fácil gastar más de lo que tienes. Hay que usarla con cabeza.
Bizum es un servicio español, creado en 2016 por la mayoría de los bancos del país, que permite enviar dinero de móvil a móvil usando solo el número de teléfono. El dinero pasa de una cuenta a otra en segundos. Es comodísimo para pagar entre amigos —la cena, la entrada, el regalo común— y por eso lo usan millones de personas. Pero precisamente porque es rápido e irreversible, es un objetivo favorito de los estafadores (lo veremos al final).
El pago con móvil (Apple Pay, Google Pay, Bizum en comercios, etc.) guarda tu tarjeta dentro del teléfono y permite pagar acercándolo al datáfono. Es muy cómodo y bastante seguro, porque suele pedir tu huella o tu cara para confirmar.
Un banco es una empresa que guarda el dinero de la gente y lo mueve de forma segura. Cuando abres una cuenta (técnicamente, una cuenta corriente), el banco custodia tu dinero y te da herramientas para usarlo: una tarjeta, una aplicación en el móvil y la posibilidad de hacer transferencias o Bizums.
Los bancos hacen, simplificando mucho, tres cosas:
En España, los menores de edad pueden tener una cuenta, pero normalmente necesitan la autorización de su padre, madre o tutor. A partir de cierta edad existen cuentas pensadas para jóvenes, con tarjeta de débito y app, justamente para empezar a aprender a manejar el dinero con red de seguridad.
Cuando el dinero se mueve por el móvil, los ladrones ya no necesitan acercarse a ti: les basta con engañarte para que tú mismo les des tus datos o les hagas un pago. A esto se le llama fraude digital, y entenderlo es hoy tan importante como saber sumar y restar. Las trampas más habituales son estas:
La buena noticia es que casi todos estos fraudes se basan en lo mismo: meterte prisa y miedo para que actúes sin pensar. Si aprendes a frenar y comprobar, evitas la inmensa mayoría.
Recursos fiables y gratuitos para seguir aprendiendo sobre dinero y seguridad:
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para debatir en clase o pensar al cerrar la unidad:
Ya sabes qué es el dinero y cómo se mueve sin perderlo por el camino. Pero tener medios de pago no sirve de mucho si el dinero entra y sale sin control. La Unidad 5 da el siguiente paso: aprender a planificar tu propio dinero con un presupuesto, distinguir ingresos y gastos y descubrir por qué ahorrar un poco, de forma constante, cambia las cosas más de lo que parece.
No hace falta ganar mucho para tener el dinero bajo control: hace falta saber a dónde va. Quien escribe lo que entra y lo que sale toma mejores decisiones que quien gana el doble y no lo mira nunca.
Tiempo estimado de lectura: 14-16 min · Bloque: B (la actividad económica en tu vida) · Antes de empezar: la Unidad 4 (el dinero y los medios de pago); aquí aprenderás a planificarlo. Basta con saber sumar, restar y calcular porcentajes sencillos.
Al acabar esta unidad sabrás:
- Hacer un presupuesto mensual sencillo distinguiendo lo que entra de lo que sale.
- Separar gastos fijos de gastos variables, y necesidades de deseos.
- Calcular tu ahorro y entender por qué conviene apartarlo al principio del mes.
- Conocer la regla 50-30-20 como guía orientativa.
- Ponerte un objetivo de ahorro realista y un plan para llegar a él.
A los 14 o 15 años casi nadie tiene un sueldo, pero todo el mundo maneja dinero: una paga, lo que cae por Reyes o por un cumpleaños, lo que se gana echando una mano, y lo que se va en el bocadillo, en datos del móvil, en una sudadera o en un videojuego. La pregunta no suele ser cuánto tengo, sino a dónde se me ha ido. Quien al final de la semana no sabe en qué gastó los 20 € que tenía el lunes no tiene un problema de dinero: tiene un problema de control.
Esta unidad enseña una herramienta muy simple y muy poderosa: el presupuesto. No es algo de adultos aburridos con corbata. Es, sencillamente, escribir lo que entra y lo que sale para poder decidir de verdad qué hacer con tu dinero. Lo que aprendas aquí con una paga te servirá igual dentro de unos años con una nómina: el método es exactamente el mismo, solo cambian las cifras.
Un presupuesto es una hoja —en papel, en una app o en una libreta— donde anotas qué dinero entra y qué dinero sale en un periodo, normalmente un mes. La magia no está en la hoja. Está en que ver el dinero por escrito cambia lo que decides. Mucha gente jura que apenas gasta en chuches o en micropagos del móvil… hasta que lo suma un mes entero y descubre que son 30 €.
Un presupuesto tiene tres partes:
Suena obvio, pero la mayoría de la gente nunca lo escribe, y por eso vive con la sensación de que “el dinero desaparece”. No desaparece: se va en cosas concretas que, una a una, parecían pequeñas.
Los ingresos son todo el dinero que recibes. A tu edad suelen ser de tres tipos:
Lo importante es anotarlos tal como son de verdad, no como nos gustaría que fueran. Si la paga es de 20 € pero un mes te cayeron 50 € de cumpleaños, ese mes ingresaste 70 €. El presupuesto refleja la realidad, no los deseos.
Los gastos son todo el dinero que se va. Conviene mirarlos de dos maneras a la vez, porque cada una te enseña algo distinto.
Otra forma de mirar los gastos, todavía más útil para decidir, es separar:
No se trata de no permitirse nunca un deseo —eso no lo cumple nadie—, sino de saber distinguirlos para decidir con los ojos abiertos. El problema nunca es darse un capricho; es dárselos todos sin darse cuenta.
El ahorro es la diferencia entre lo que ingresas y lo que gastas, cuando es positiva:
Ahorro = Ingresos − Gastos
Pero hay un truco que cambia todo. La mayoría de la gente piensa “ahorraré lo que me sobre a final de mes”. Y nunca sobra nada, porque el gasto se estira hasta ocupar todo lo que hay. La regla que de verdad funciona es la contraria: págate a ti mismo primero. En cuanto entra un ingreso, aparta una parte para ahorrar —aunque sea poca— antes de empezar a gastar. Con el resto, te las arreglas.
Una guía muy conocida para repartir el dinero es la regla 50-30-20, popularizada por la economista y senadora estadounidense Elizabeth Warren:
Para alguien de tu edad, con ingresos pequeños y casi todas las necesidades cubiertas en casa, los porcentajes exactos importan poco. Lo que importa es la idea de fondo: reservar siempre una parte para ahorrar y no gastarlo todo en deseos. Si el 20 % te parece mucho, empieza por el 10 %. Lo decisivo es el hábito, no el número exacto.
Ahorrar “porque sí” es difícil de mantener. Ahorrar para algo concreto es mucho más fácil, porque cada euro que apartas te acerca a una meta que te ilusiona: una consola, una bici, una entrada para un concierto, el viaje de fin de curso. Un buen objetivo de ahorro tiene tres cosas:
Por ejemplo: si quieres unos cascos de 60 € y faltan 12 semanas, necesitas apartar 5 € por semana. Visto así, una meta que parecía lejana se convierte en un gesto pequeño y repetido. Eso es, en el fondo, todo el ahorro: convertir algo grande en muchos pasos pequeños.
Recursos fiables y gratuitos para seguir aprendiendo sobre finanzas personales:
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para debatir en clase o pensar al cerrar la unidad:
Ya sabes manejar tu propio dinero: medirlo, controlarlo y ahorrar para tus metas. En la Unidad 6 cambiamos de escala: pasamos de tu economía personal a la de las empresas. Verás qué es una empresa, qué tipos hay, qué son las cooperativas y la economía social, y cómo nace un proyecto desde una simple idea de negocio. Quizás algún día seas tú quien tenga que hacer no ya un presupuesto personal, sino el de un proyecto propio.
Detrás de casi todo lo que usas cada día hay una empresa: alguien que un día tuvo una idea, organizó unos recursos y se arriesgó a probarla. Entender cómo funcionan las empresas es entender buena parte del mundo que te rodea.
Tiempo estimado de lectura: 15-17 min · Bloque: C (iniciativa y emprendimiento) · Antes de empezar: la Unidad 2 (los agentes económicos), donde ya viste que las empresas son uno de los protagonistas de la economía.
Al acabar esta unidad sabrás:
- Explicar qué es una empresa y para qué sirve.
- Distinguir los tipos básicos de empresa: autónomo, sociedad y cooperativa.
- Entender qué es la economía social y por qué las cooperativas son diferentes.
- Saber qué significa emprender y qué ingredientes tiene un proyecto.
- Dar los primeros pasos para convertir una idea de negocio en un proyecto.
Piensa en lo que has hecho esta mañana. Te ha sonado un despertador (lo hace una empresa), has desayunado algo (lo produce y lo vende otra empresa), has ido al instituto en transporte o con unas zapatillas (empresas), has mirado el móvil (empresa que lo fabrica, empresa que da la conexión, empresas que hacen las apps). Antes de las nueve de la mañana ya has dependido de decenas de empresas sin pensar en ninguna. El mundo está lleno de ellas, y todas empezaron igual: alguien tuvo una idea y se arriesgó a llevarla a cabo.
Esta unidad te lleva por dentro de ese mundo. Qué es exactamente una empresa, qué tipos hay (desde la persona que trabaja sola hasta las cooperativas en las que todos los socios mandan por igual) y cómo nace un proyecto desde una simple idea. No para que montes una empresa mañana, sino para que entiendas cómo funciona la pieza que mueve buena parte de la economía… y para que, si algún día se te ocurre una buena idea, sepas qué hacer con ella.
Una empresa es una organización que combina recursos para producir bienes o servicios que satisfacen necesidades de las personas, normalmente a cambio de dinero. Esa definición tiene varias palabras clave que conviene desmontar.
Cuando una empresa vende sus productos por más de lo que le ha costado producirlos, obtiene beneficio. El beneficio es lo que queda después de pagar todos los gastos (sueldos, materiales, local, luz). No es “robar al cliente”: es lo que permite que la empresa siga existiendo, pague a sus trabajadores y, a veces, crezca.
No todas las empresas se organizan igual. Para empezar, basta con distinguir tres tipos básicos según quién la forma y cómo se reparten las decisiones y el dinero.
Una sola persona monta su actividad y la lleva ella misma: una fontanera, un diseñador que trabaja por su cuenta, quien tiene un puesto en el mercado. Se le llama autónomo o empresario individual. Toma todas las decisiones y se queda con todo el beneficio… pero también asume todo el riesgo: si las cosas van mal, responde él. Es la forma más sencilla y rápida de empezar.
Cuando varias personas se juntan para montar una empresa, o cuando una sola quiere protegerse mejor, crean una sociedad: una empresa con personalidad propia, separada de las personas que la forman. Los socios aportan dinero (el capital) y se reparten las decisiones y los beneficios según lo que haya puesto cada uno. La forma más habitual en España es la Sociedad Limitada (SL). La gran ventaja frente al autónomo es que, normalmente, los socios solo arriesgan el dinero que pusieron, no su patrimonio personal.
Una cooperativa es una empresa formada por personas que se unen para satisfacer una necesidad común y la gestionan entre todas, en igualdad. Su gran particularidad es la regla “una persona, un voto”: manda igual quien ha puesto mucho que quien ha puesto poco, al contrario que en las sociedades normales, donde manda más quien tiene más capital. Hay cooperativas de trabajadores (que son a la vez dueños y empleados), de agricultores, de consumidores, de viviendas…
Las cooperativas son el ejemplo más conocido de lo que se llama economía social: un conjunto de empresas y organizaciones que ponen a las personas por delante del beneficio. No es que no quieran ganar dinero —lo necesitan para sobrevivir—, sino que su objetivo principal no es enriquecer a unos pocos dueños, sino dar respuesta a las necesidades de sus socios o de la sociedad.
A la economía social pertenecen las cooperativas, las asociaciones, las fundaciones, las sociedades laborales y las llamadas empresas de inserción, que dan trabajo a personas con dificultades para encontrarlo. En todas ellas, el beneficio que se obtiene se suele reinvertir en la propia misión, no repartir como en una empresa cualquiera.
Emprender es poner en marcha algo nuevo asumiendo el riesgo de que salga mal. Casi siempre se piensa en montar una empresa, pero la palabra es más amplia: emprende quien organiza un grupo de música, quien monta una asociación en su barrio o quien empieza a vender online lo que fabrica en casa. Lo que tienen en común todas esas iniciativas son tres ingredientes:
A esa forma de mirar lo que te rodea preguntándote “¿qué falta aquí?, ¿esto se podría hacer mejor?” se le llama mentalidad emprendedora. Y aquí va una idea importante: emprender no es algo que se herede ni un don mágico. Es una manera de actuar que se entrena, igual que un deporte. De hecho, muchas de las cosas que organizas en tu día a día —una fiesta de cumpleaños, una recaudación para un viaje, un torneo entre amigos— ya tienen los tres ingredientes de emprender, aunque nunca lo hayas llamado así.
Toda empresa empieza con una idea de negocio: una manera de resolver un problema o cubrir una necesidad de alguien dispuesto a pagar por ello. Pero una idea, por sí sola, no vale casi nada: lo que vale es llevarla a cabo. Para empezar a convertir una idea en un proyecto de verdad, basta con responder, con honestidad, unas pocas preguntas.
Responder estas cuatro preguntas no es montar una empresa: es dar el primer paso, el más importante, que es pasar de “tengo una idea” a “sé qué quiero hacer, para quién y cómo”. El resto —el dinero, los papeles, los detalles— se aprende sobre la marcha y se verá con más profundidad en cursos siguientes.
Recursos accesibles para seguir descubriendo el mundo de las empresas y el emprendimiento:
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para debatir en clase o pensar al cerrar la unidad:
Ya sabes cómo nacen y funcionan las empresas, y cómo una idea puede convertirse en un proyecto. Pero las empresas no funcionarían sin algo fundamental: las personas que trabajan en ellas. La Unidad 7 entra en el mundo del trabajo: qué es un empleo, cuáles son tus derechos básicos como trabajador y cómo se prepara tu primer currículum. Y al final del curso, en el mini-proyecto, pondrás en práctica todo lo aprendido aquí sobre convertir una idea en algo real.
Pasarás buena parte de tu vida trabajando, así que conviene entender pronto qué es un empleo, qué derechos tienes y cómo se busca el primero. Esta unidad es tu primer mapa del mundo laboral.
Tiempo estimado de lectura: 14-16 min · Bloque: El mundo del trabajo · Antes de empezar: la Unidad 6 (las empresas y el emprendimiento) te dio el contexto de quién crea los puestos de trabajo. Ahora vemos las dos caras: quien contrata y quien es contratado.
Al acabar esta unidad sabrás:
- Distinguir entre trabajo, empleo y desempleo, y entender qué mide la tasa de paro.
- Diferenciar el trabajo por cuenta ajena del trabajo por cuenta propia y reconocer los sectores económicos.
- Conocer los derechos laborales básicos que te protegerán cuando trabajes.
- Preparar tu primer currículum y dar los primeros pasos para buscar empleo.
Dentro de unos años empezarás a trabajar. Quizá un verano, quizá al acabar de estudiar, quizá compaginándolo con la formación. Pasarás una parte enorme de tu vida adulta trabajando, y casi nadie te explica antes cómo funciona ese mundo: qué es exactamente un empleo, qué te pueden pedir y qué no, qué cobrarás, qué papeles firmas. Esta unidad es un primer mapa. No vamos a entrar en detalles complejos —eso lo verás más adelante si sigues estudiando Economía o Formación Profesional—, sino en lo básico que cualquier persona debería saber antes de buscar su primer trabajo.
En el lenguaje corriente usamos estas tres palabras como si significaran lo mismo, pero en economía cada una tiene un sentido preciso.
El trabajo es cualquier actividad humana que produce bienes o servicios útiles. Cuidar a un familiar enfermo es trabajo. Estudiar es trabajo. Ayudar en casa es trabajo. Mucho de este trabajo es valiosísimo y, sin embargo, no se paga.
El empleo es el trabajo que se hace a cambio de una remuneración, normalmente un salario. Quien tiene empleo recibe dinero por su actividad y, en España, cotiza a la Seguridad Social, lo que le da derechos (atención médica, futura pensión, prestación si se queda sin trabajo).
El desempleo —o paro— es la situación de una persona que quiere trabajar, puede trabajar y busca activamente empleo, pero no lo encuentra. Esos tres requisitos son importantes: una persona que no busca empleo (porque estudia a tiempo completo, está jubilada o ha decidido no trabajar) no se cuenta como parada, aunque no tenga empleo.
La población activa es la suma de las personas que tienen empleo más las que están en paro buscándolo. La tasa de paro es el porcentaje que representan los parados dentro de esa población activa:
Tasa de paro = (Personas paradas / Población activa) × 100
En España, la cifra oficial la calcula el Instituto Nacional de Estadística (INE) mediante la Encuesta de Población Activa (EPA), una gran encuesta a hogares que se publica cada tres meses. Es importante entender que la tasa de paro no se calcula sobre toda la población, sino solo sobre la población activa: por eso los niños, los estudiantes que no buscan empleo y las personas jubiladas no entran en el cálculo.
Cuando trabajas, lo haces de una de estas dos maneras.
El trabajo por cuenta ajena es el del asalariado: trabajas para otra persona o empresa, que es tu empleador. Ella te dice qué hacer, te proporciona los medios (local, herramientas, materiales), asume el riesgo del negocio y te paga un salario acordado. La mayoría de la gente trabaja así. A cambio de ese salario, el trabajador renuncia a una parte de su autonomía: cumple un horario, sigue instrucciones y forma parte de una organización.
El trabajo por cuenta propia es el del autónomo o empresario individual: trabajas para ti mismo. No tienes un jefe que te pague un salario fijo: tus ingresos dependen de cuánto vendas o factures. Tienes más libertad para organizarte, pero también asumes el riesgo: si el negocio va mal, pierdes tú. Un fontanero con su propia furgoneta, una peluquera con su local o una diseñadora que trabaja para varios clientes son trabajadores por cuenta propia.
Ninguna de las dos formas es mejor en abstracto: cada una cambia un equilibrio distinto entre seguridad y libertad. El asalariado tiene más seguridad y menos libertad; el autónomo, más libertad y más riesgo.
Todos los empleos pueden clasificarse en tres grandes sectores económicos, según el tipo de actividad.
A veces se habla de un sector cuaternario para referirse a las actividades de alto conocimiento (investigación, desarrollo tecnológico, tratamiento de información), pero en la clasificación clásica esas actividades se incluyen dentro del terciario. Lo importante es entender la tendencia: a medida que un país se desarrolla, el empleo se desplaza del primario hacia el terciario.
Cuando empieces a trabajar por cuenta ajena, la ley te protege. En España, la norma principal que regula la relación entre trabajadores y empresas es el Estatuto de los Trabajadores. No hace falta que te lo aprendas, pero sí que conozcas las protecciones básicas, porque saber que existen es lo que evita que abusen de ti.
Para conseguir un empleo, lo habitual es presentar un currículum vitae (CV): un documento breve donde resumes quién eres, qué has estudiado, qué experiencia tienes y qué sabes hacer. Es tu carta de presentación, y muchas veces la primera (y única) impresión que una empresa tendrá de ti antes de decidir si te llama.
Aunque ahora no tengas experiencia laboral, ya tienes cosas que contar: tus estudios, tus idiomas, tus conocimientos de informática, tus aficiones, cualquier voluntariado o actividad en la que hayas participado. Un buen CV de alguien que empieza no esconde la falta de experiencia: la compensa mostrando ganas, formación y habilidades.
Junto al CV, hoy es muy útil empezar a cuidar tu identidad digital: lo que aparece de ti cuando alguien te busca en internet. Muchas empresas miran las redes sociales de los candidatos. No se trata de no tener vida, sino de ser consciente de que lo que publicas hoy puede verlo dentro de unos años quien decide si te contrata.
Buscar trabajo es, en sí mismo, un trabajo. No basta con esperar a que llegue la oferta perfecta: hay que moverse. Estos son los canales habituales para alguien que empieza:
Cuando te llamen, llegará la entrevista de trabajo. Es normal ponerse nervioso. Ayuda llegar puntual, vestir de forma cuidada (sin disfrazarse), haber mirado antes qué hace la empresa y preparar respuestas a las preguntas habituales: por qué quieres ese trabajo, qué sabes hacer, qué disponibilidad tienes. Y, sobre todo, mostrarte como eres: las ganas de aprender y la actitud cuentan, en un primer empleo, tanto o más que la experiencia.
Recursos accesibles y oficiales para conocer mejor el mundo del trabajo:
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para discutir en clase o pensar al cerrar la unidad:
Cada vez que vas al médico, enciendes una farola o caminas por una calle asfaltada, alguien lo ha pagado. Ese alguien somos todos, a través de los impuestos. Esta unidad explica para qué sirven y por qué importan.
Tiempo estimado de lectura: 15-17 min · Bloque: El sector público · Antes de empezar: la Unidad 2 (los agentes económicos) presentó al Estado como uno de los tres grandes agentes. Aquí vemos en detalle qué hace y cómo se financia.
Al acabar esta unidad sabrás:
- Qué es el sector público y qué servicios públicos te ofrece cada día sin que lo notes.
- Cuáles son los pilares del Estado del bienestar y por qué se pagan entre todos.
- Para qué sirven los impuestos y la diferencia entre impuestos directos (como el IRPF) e indirectos (como el IVA).
- Por qué se habla de justicia fiscal y qué problema supone el fraude fiscal.
Imagina un día normal. Te despiertas, te lavas con agua que llega potable al grifo. Caminas por una calle asfaltada y con farolas hasta el instituto, que es público y gratuito. Si te pones enfermo, vas al centro de salud y te atienden sin pagar en ese momento. Si hay un incendio, llamas a los bomberos. Nada de esto cae del cielo: todo lo paga el conjunto de la sociedad a través del sector público. Esta unidad explica cómo funciona esa máquina invisible que sostiene buena parte de tu vida cotidiana y cómo se financia: con impuestos.
El sector público está formado por el conjunto de instituciones del Estado que toman decisiones económicas en nombre de la colectividad: la Administración central (el Gobierno de España), las comunidades autónomas, los ayuntamientos y otros organismos públicos. Frente a las familias y las empresas, que persiguen su interés particular, el sector público busca (o debería buscar) el interés general.
El Estado cumple varias funciones económicas importantes:
¿Por qué hay cosas que pagamos directamente (un móvil, una camiseta) y otras que nos llegan a través del Estado (una farola, la defensa del país)? La clave está en dos características de los bienes.
Un bien es rival si lo que consume una persona ya no lo puede consumir otra (una manzana: si me la como yo, no te la comes tú). Un bien es excluible si se puede impedir su uso a quien no paga (un cine: si no compras la entrada, no entras).
Los bienes públicos puros son justo lo contrario: no rivales (que yo disfrute del alumbrado de la calle no deja a nadie sin luz) y no excluibles (no se puede poner una farola que ilumine solo a quien ha pagado). Como nadie podría cobrar por ellos, ninguna empresa privada los ofrecería: por eso los provee el Estado y los pagamos entre todos.
Llamamos Estado del bienestar al modelo, propio de los países europeos desarrollados, en el que el sector público garantiza a toda la ciudadanía un conjunto de servicios y derechos básicos, con independencia de su nivel de renta. La idea de fondo es sencilla y poderosa: que nadie se quede sin sanidad por ser pobre, sin educación por haber nacido en una familia humilde, ni sin un mínimo para vivir por haber tenido mala suerte.
El Estado del bienestar español se apoya en cuatro grandes pilares:
Este modelo es uno de los grandes logros de las sociedades europeas del siglo XX, pero tiene un coste enorme. Y aquí entra la pregunta clave: ¿de dónde sale el dinero?
Igual que una familia, el Estado tiene un presupuesto: un plan de cuánto va a ingresar y cuánto va a gastar cada año. Los gastos públicos se dedican a sanidad, educación, pensiones, infraestructuras, seguridad, etc. Los ingresos públicos salen, en su inmensa mayoría, de los impuestos.
Cuando el Estado gasta más de lo que ingresa, hay déficit y tiene que pedir dinero prestado, lo que genera deuda pública (que habrá que devolver en el futuro, con intereses). Por eso el equilibrio entre lo que se ingresa y lo que se gasta es una de las grandes discusiones de cualquier país: gastar más exige ingresar más, y eso significa, normalmente, más impuestos.
Un impuesto es un pago obligatorio que las personas y las empresas hacen al Estado, sin recibir nada concreto a cambio en ese mismo momento. Esa última parte es importante: cuando pagas la entrada del cine, recibes una película; cuando pagas un impuesto, no recibes un servicio individual a cambio, sino que contribuyes a financiar el conjunto de los servicios públicos de los que todos nos beneficiamos.
Los impuestos no son un castigo ni un robo: son el precio que pagamos por vivir en sociedad. Sin ellos no habría hospitales públicos, ni colegios, ni carreteras, ni pensiones. La discusión legítima no es “impuestos sí o no”, sino cuántos, a quién y en qué se gastan.
Los impuestos se clasifican en dos grandes grupos.
Los impuestos directos recaen directamente sobre la renta o la riqueza de cada persona o empresa. El más importante es el IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas), que grava lo que ganas a lo largo del año: tu sueldo, principalmente. Cuanto más ganas, más pagas, no solo en euros sino en porcentaje.
El IRPF es un impuesto progresivo por tramos: la renta se divide en franjas y cada franja paga un porcentaje distinto, más alto cuanto más arriba. Pero —y esto lo confunde casi todo el mundo— el porcentaje alto se aplica solo a la parte de renta que cae dentro de cada tramo, no a todo lo que ganas. Cambiar de tramo nunca hace que pierdas dinero: solo la parte que supera el umbral tributa al tipo más alto.
Otros impuestos directos son el Impuesto sobre Sociedades (que pagan las empresas sobre sus beneficios) o el Impuesto sobre el Patrimonio (sobre las grandes fortunas).
Los impuestos indirectos no miran cuánto ganas, sino cuánto consumes. El más conocido es el IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido), que pagas cada vez que compras casi cualquier cosa: va incluido en el precio. En España hay varios tipos de IVA:
El IVA es indirecto porque no lo pagas tú directamente a Hacienda: lo paga el comerciante, pero te lo cobra a ti dentro del precio. Por eso muchas veces no somos conscientes de cuántos impuestos pagamos: una buena parte va escondida en el ticket de cada compra.
Enunciado
Marina hace la compra y, antes de impuestos, los productos costarían:
Calcula cuánto IVA paga en total y cuál es el precio final de la compra.
Solución
Conclusión: Marina ha pagado 3,95 € de impuestos casi sin darse cuenta, porque iban dentro del precio. Fíjate en que los alimentos básicos pagan mucho menos IVA (4 %) que la ropa (21 %): el sistema protege deliberadamente los productos de primera necesidad.
Si los impuestos pagan lo que todos disfrutamos, lo justo es que cada uno contribuya según sus posibilidades. Ese es el principio de justicia fiscal: que el sistema sea progresivo (quien más tiene, aporta proporcionalmente más) y que nadie escape de pagar lo que le corresponde. La Constitución española lo dice expresamente en su artículo 31: todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos según su capacidad económica.
El gran enemigo de la justicia fiscal es el fraude fiscal: ocultar ingresos, no declarar lo que se gana o “trabajar en negro” para no pagar impuestos. El fraude no es un delito sin víctimas: cuando alguien no paga lo que debe, o bien los demás tenemos que pagar más para mantener los mismos servicios, o bien hay menos dinero para sanidad, educación y pensiones. Por eso es importante distinguir dos ideas que a veces se confunden:
Recursos accesibles y oficiales para entender mejor el sector público y los impuestos:
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para discutir en clase o pensar al cerrar la unidad:
Has aprendido cómo funciona la economía. Ahora toca usarla para algo bueno. En esta última unidad cierras el curso poniendo en marcha un pequeño proyecto que mejore tu entorno, sin olvidar el planeta que lo sostiene.
Tiempo estimado de lectura: 16-18 min · Bloque: Economía sostenible y proyecto final · Antes de empezar: esta es la última unidad del curso y reúne todo lo anterior. La Unidad 6 (las empresas y el emprendimiento) y la Unidad 3 (consumo responsable) son las que más vas a necesitar.
Al acabar esta unidad sabrás:
- Qué es el desarrollo sostenible y para qué sirven los ODS de la Agenda 2030.
- La diferencia entre economía lineal y economía circular, y la regla de las erres.
- Qué es el consumo sostenible y cómo se aplica en tu día a día.
- Cómo diseñar y presentar tu mini-proyecto final, el broche del curso.
Llegamos al final del Taller de Economía. Durante todo el curso has aprendido cómo funciona la máquina: la escasez y las elecciones, los agentes económicos, el dinero, el presupuesto, las empresas, el trabajo, los impuestos. Ahora toca lo más importante: usar todo eso para algo que valga la pena. Esta unidad tiene dos partes. La primera explica por qué la economía no puede ignorar el planeta en el que vivimos: la sostenibilidad. La segunda te propone un reto final —un pequeño proyecto propio— para que demuestres, haciendo, lo que has aprendido pensando.
Durante mucho tiempo, la economía se midió como si los recursos del planeta fueran infinitos: cuanto más se producía y más se consumía, mejor. Pero los recursos de la Tierra no son infinitos, y la naturaleza tiene un límite para absorber la contaminación que generamos. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la acumulación de plásticos o la escasez de agua en muchas regiones son señales de que el modelo de “producir y consumir sin freno” ha chocado con los límites del planeta.
De ahí nace la idea de desarrollo sostenible, definida en 1987 en el llamado Informe Brundtland de las Naciones Unidas con una frase que se ha hecho famosa:
“El desarrollo sostenible es el que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas.”
En otras palabras: vivir bien hoy, pero sin dejar un planeta agotado a quienes vengan después.
El desarrollo sostenible se apoya en tres pilares que deben equilibrarse:
Una economía que crece destruyendo el medio ambiente no es sostenible. Una economía que protege el medio pero deja a la gente en la pobreza, tampoco. Lo difícil —y lo importante— es conseguir las tres cosas a la vez.
En 2015, los 193 países miembros de la ONU firmaron un plan común para hacer el mundo más sostenible y justo antes del año 2030. Ese plan se llama Agenda 2030 y se concreta en 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una especie de lista de tareas pendientes de toda la humanidad. Algunos de ellos son:
Lo interesante de los ODS es que no son solo cosa de los gobiernos: están pensados para que todos podamos contribuir, también las empresas, los colegios y cada persona. Muchas empresas hoy explican qué ODS ayudan a cumplir con su actividad. Y cualquier proyecto pequeño —como el que vas a hacer tú al final de esta unidad— puede conectarse con uno o varios objetivos.
Una de las claves de la sostenibilidad está en cambiar la forma en que producimos y tiramos las cosas. Durante el siglo XX dominó la economía lineal: extraer recursos, fabricar productos, usarlos y tirarlos. Un solo sentido, de la materia prima al vertedero. Este modelo tiene un problema evidente: agota los recursos por un lado y llena el planeta de basura por el otro.
La alternativa es la economía circular: un modelo que imita a la naturaleza, donde nada se desperdicia y los materiales vuelven al ciclo una y otra vez. En lugar de “usar y tirar”, se trata de diseñar productos que duren, repararlos cuando se rompen, reutilizarlos y, solo al final, reciclarlos para fabricar cosas nuevas.
La forma más fácil de recordar cómo aplicar la economía circular en tu vida es la regla de las erres, ordenada de la opción mejor a la peor:
Mucha gente cree que ser sostenible es, sobre todo, reciclar. Es un error frecuente: reciclar está bien, pero es la última de las erres. Antes que reciclar conviene reducir, reutilizar y reparar, porque esas tres opciones evitan el residuo de raíz en lugar de gestionarlo cuando ya existe.
En la Unidad 3 viste que el consumidor tiene derechos. Pero también tiene poder: cada vez que compras algo, estás “votando” con tu dinero por un tipo de producto, de empresa y de mundo. Eso es el consumo sostenible: elegir, dentro de lo posible, productos y hábitos que respeten el medio ambiente y a las personas.
Consumir de forma sostenible no significa renunciar a todo ni sentirse culpable por cada compra. Significa tomar decisiones un poco más conscientes:
El consumo sostenible no cambia el mundo por sí solo —hacen falta también leyes y empresas responsables—, pero millones de pequeñas decisiones de consumo sí marcan la dirección. Las empresas producen lo que la gente compra: si cambia lo que compramos, cambia lo que se produce.
Ha llegado el momento de pasar de la teoría a la acción. El curso se cierra con un mini-proyecto en equipo: un pequeño plan que ponga en práctica lo que has aprendido durante todo el Taller de Economía. No tiene que ser una empresa de verdad ni ganar dinero: tiene que ser real, sencillo y útil. Puedes elegir entre dos caminos:
Ambos valen igual. Lo importante no es la ambición del proyecto, sino que lo penséis bien, lo hagáis de verdad y lo contéis con claridad.
Y con esto cierras el curso. Si miras hacia atrás, en estas nueve unidades has recorrido casi toda la economía a tu alcance: qué es y por qué existe (escasez y elección), quién la mueve (los agentes y el flujo circular), cómo consumir con cabeza (consumo responsable), qué es el dinero y cómo cuidarlo (medios de pago y presupuesto), cómo nacen las empresas y los empleos (emprendimiento y trabajo), cómo se sostiene lo común (el sector público y los impuestos) y, por fin, cómo hacer que todo esto sirva para mejorar el mundo (sostenibilidad y tu proyecto).
La meta del Taller de Economía nunca fue que te conviertas en empresario ni en economista. La meta era mucho más sencilla y más valiosa: que salgas de esta optativa entendiendo el mundo económico que te rodea y sintiéndote capaz de moverte en él. Capaz de hacer un presupuesto, de leer una etiqueta con criterio, de entender una nómina cuando tengas la tuya, de saber por qué pagas impuestos y de detectar una oportunidad para hacer algo bueno por tu entorno.
Lo que hagas con todo esto a partir de mañana es cosa tuya. Pero ya tienes el mapa.
Recursos accesibles y oficiales para entender mejor la sostenibilidad:
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para cerrar el curso pensando o discutiendo en clase: