Tiempo de lectura: ~18 min · Saberes LOMLOE: A.1, A.6 · Antes de empezar: nada, es la primera unidad del curso.
Al acabar esta unidad sabrás:
- Explicar qué significa emprender y poner un ejemplo de cada uno de los tres tipos (montar algo propio, emprender dentro de una empresa y emprender para resolver un problema social).
- Desmontar con datos cuatro mitos muy repetidos sobre quién emprende y cómo.
- Describir cómo son de verdad las empresas en España: muchas, pequeñas y, la mayoría, sin ni un solo empleado.
- Reconocer cinco rasgos del perfil emprendedor y entender que se entrenan, no se heredan.
En el curso 2023-24, dos alumnas de un instituto público de Castellón vendieron, a través de Instagram y un puesto en el mercadillo del pueblo, unas 600 fundas de móvil pintadas a mano. Empezaron porque querían pagarse el viaje de fin de curso, terminaron con un pequeño excedente, una cuenta de Bizum saturada y una conversación incómoda con sus padres sobre si aquello había que declararlo. Eso, sin pretenderlo, era emprender.
Casos así pasan en muchos institutos cada año. Alguien organiza el reparto de bocadillos en los recreos, alguien monta una cuenta de Wallapop para revender camisetas vintage, alguien empieza a editar vídeos para creadores de su pueblo a cambio de unos euros. Casi nadie llama emprender a esas iniciativas, pero comparten estructura con cualquier empresa: alguien detecta una oportunidad, organiza recursos y se arriesga a que no salga.
Esta unidad arranca el curso preguntándose qué significa exactamente esa palabra. No para idealizarla —ya hay demasiados vídeos en YouTube haciéndolo— sino para entenderla con datos y desactivar algunos mitos que circulan y que no encajan con la realidad española. Saber qué hay detrás de emprender es la condición para decidir, al final del curso, si os interesa o no como salida profesional.
¿Qué significa emprender?
Cuando alguien dice «he emprendido un proyecto» no siempre habla de montar una empresa. La palabra emprender tiene un significado más amplio: significa poner en marcha algo nuevo asumiendo el riesgo de que salga mal. Ese algo nuevo puede ser una empresa, sí, pero también un grupo de música, una asociación de barrio, una sección dentro de la empresa donde se trabaja o un proyecto solidario.
Lo que tienen en común todas esas iniciativas son tres ingredientes:
- Iniciativa: alguien decide actuar sin que nadie se lo haya pedido.
- Organización de recursos: dinero, tiempo, personas, herramientas. Hay que combinarlos con un objetivo concreto.
- Riesgo: el resultado no está garantizado. Puede salir bien, regular o mal.
A esa combinación de iniciativa, organización y riesgo la literatura económica la llama mentalidad emprendedora. Es una forma de mirar lo que te rodea preguntándote «¿qué falta aquí?» y atreviéndote a probar una respuesta.
Esta mentalidad no es exclusiva de quien quiere montar una empresa. Sirve también dentro de una asociación, de un equipo deportivo, de un grupo de música o de una administración pública. Por eso el currículo de esta asignatura no la presenta solo como una salida profesional, sino como una competencia transversal: algo que conviene desarrollar aunque al final acabes trabajando por cuenta ajena o estudiando una oposición.
Tres formas de emprender
La forma más conocida de emprender es montar una empresa propia, pero no es la única. Conviene distinguir tres modalidades porque cada una abre puertas profesionales distintas y exige habilidades parecidas pero no idénticas.
- Autoemprendimiento. Una persona crea su propio proyecto económico, normalmente como autónomo o como pequeña sociedad. Asume la mayor parte del riesgo —pone su dinero, su tiempo, a veces su nombre— y se queda con la mayor parte del excedente. Es el camino de la mayoría de pymes españolas y la forma más visible de emprender en el lenguaje cotidiano.
- Intraemprendimiento. Alguien trabaja por cuenta ajena en una empresa o institución y, dentro de ella, propone y lidera proyectos nuevos. No monta una empresa propia, pero sí pone en marcha cosas nuevas asumiendo riesgo profesional (que su propuesta fracase, que se le critique, que se le adjudique el error). Es una salida muy habitual para perfiles emprendedores que no quieren asumir el riesgo financiero de una empresa propia.
- Emprendimiento social. Crear una iniciativa cuya finalidad principal no es maximizar el beneficio, sino resolver un problema social o ambiental. Puede tomar forma de cooperativa, asociación, fundación o empresa con compromiso social explícito. El excedente se reinvierte en la misión, no se reparte entre los socios.
Las tres modalidades comparten lo esencial —iniciativa, organización y riesgo— pero exigen mezclas distintas de habilidades. El autoemprendedor necesita más resistencia financiera; el intraemprendedor, más capacidad política dentro de su organización; el emprendedor social, más capacidad de medir impacto en una unidad que no es el dinero.
El tejido empresarial español: muchas empresas pequeñas
Cuando se habla de empresas, la imagen mental que viene a la cabeza suele ser un edificio acristalado con cientos de oficinas. La realidad española es radicalmente distinta. Según los datos del DIRCE (Directorio Central de Empresas) del INE, a 1 de enero de 2024 había en España 3.357.251 empresas activas. De ellas:
- El 99,8 % son pymes (menos de 250 empleados).
- El 94,2 % son microempresas (menos de 10 empleados).
- 1.847.000 empresas no tienen ningún asalariado: son autónomos sin equipo o sociedades unipersonales.
- Solo 5.211 empresas en toda España tienen 250 o más empleados (el 0,2 % del total).
Estos números no son una anomalía: España está alineada con la media europea en estructura empresarial. Lo que sí es nuestro es la intensidad de la microempresa: aquí la empresa típica no tiene oficina propia, no tiene equipo y no factura más de 100.000 € al año.
¿Por qué importan estos datos?
Importan por dos razones muy prácticas:
- Si emprendes en España, lo más probable es que tu empresa sea pequeña. No por falta de ambición, sino porque ese es el tamaño típico al que se llega. Aceptar esa realidad ahorra frustraciones posteriores.
- Las pymes generan la mayor parte del empleo privado: aproximadamente el 64 % de los trabajadores del sector privado español trabajan en una pyme. Es decir, si en el futuro buscáis empleo, lo más probable es que sea en una empresa pequeña, no en una multinacional.
Saber esto cambia la mirada sobre el emprendimiento: emprender no es la excepción, es la forma habitual de organizar la actividad económica en España.
Comparación rápida con Europa
El Ministerio de Industria publica cada año las Cifras PyME, una comparación con los socios europeos. España no destaca por tener pocas empresas: tenemos aproximadamente 72 empresas por cada 1.000 habitantes, una ratio similar a la de Italia y muy por encima de la de Francia o Alemania. Lo que sí nos diferencia es el tamaño medio: las empresas españolas son sistemáticamente más pequeñas que las alemanas. La media de trabajadores por empresa en España ronda los 4,7; en Alemania, los 11,3.
Esto tiene consecuencias prácticas. Las empresas pequeñas pagan menos, invierten menos en investigación y exportan menos. No es un juicio moral, es una constatación estadística: si España quiere mejorar salarios y productividad, una de las palancas más mencionadas por los economistas es ayudar a que las pymes existentes crezcan en tamaño, no solo a que aparezcan nuevas.
Para vosotros, futuros profesionales o emprendedores, esto se traduce en una decisión consciente: cuando montéis algo, valdrá la pena pensar desde el principio si queréis quedaros pequeños o crecer. Las dos opciones son legítimas, pero requieren decisiones distintas en cuanto a equipo, financiación y estructura.
Cuatro mitos que conviene desmontar
Antes de avanzar con la asignatura es útil discutir cuatro ideas extendidas sobre el emprendimiento. Circulan en redes, en películas y en charlas TED, pero no encajan con lo que muestran los datos. Mantenerlas activas distorsiona las expectativas y empuja a errores evitables.
Mito 1: «Los emprendedores son héroes solitarios»
La narrativa del fundador genial que lo hace todo solo —la versión cinematográfica de Steve Jobs— vende muy bien pero describe una excepción, no la regla. Los estudios sobre empresas que sobreviven más de cinco años muestran que la mayoría tienen entre dos y cuatro fundadores y que cuentan con mentores externos desde el primer año.
La explicación es lógica: poner en marcha algo nuevo exige habilidades muy variadas (técnicas, comerciales, financieras, legales) y muy pocas personas dominan todas a la vez. Quien intenta hacerlo solo se quema antes, comete más errores y le cuesta mucho más conseguir financiación, porque los inversores desconfían de los proyectos sin equipo. El emprendimiento real es trabajo en equipo desde el primer día, no una hazaña individual.
Incluso en los casos en que aparentemente solo hay una persona al frente —el panadero del barrio, la diseñadora freelance— hay una red invisible: la pareja que apoya emocionalmente, el gestor que cuadra la fiscalidad, el banco que dio el primer préstamo, los clientes que recomendaron a otros. La empresa formalmente unipersonal no significa que el proyecto sea solitario.
Mito 2: «Todo empieza en un garaje»
La foto del garaje de Apple, de HP o de Amazon es el icono visual del emprendimiento. Es una historia bonita pero estadísticamente poco representativa. La mayoría de empresas españolas empiezan en una habitación de casa, en un piso compartido, en un coworking o en una mesa prestada de un familiar. Algunas, directamente, en una cafetería con un portátil.
El mito del garaje tiene una versión inversa que sí es útil: para arrancar no hace falta una oficina elegante ni una inversión inicial enorme. Hace falta resolver un problema real para alguien dispuesto a pagar. El espacio físico es secundario.
Eso sí: el garaje funciona como símbolo de algo valioso. Recuerda que las grandes empresas no nacieron grandes, que la mayoría empezó con poco capital y que la diferencia entre montar algo y no hacerlo casi nunca está en disponer del entorno perfecto, sino en empezar con lo que se tiene a mano. La cuestión no es dónde arrancas, sino si arrancas.
Mito 3: «Son jóvenes brillantes»
La narrativa del joven prodigio que monta una empresa millonaria a los 22 años es la favorita de los medios. La realidad estadística es muy distinta. Un estudio del MIT publicado en 2018 sobre 2,7 millones de fundadores de empresas en Estados Unidos encontró que la edad media de quien funda una empresa que crece con éxito es de 45 años, no de 25. El estudio mostró además que un fundador de 50 años tiene casi el doble de probabilidades de tener éxito que uno de 30.
La razón es lógica: a los 45 años se tiene más experiencia técnica, más red profesional, más capital ahorrado y mejor capacidad para juzgar si una oportunidad es real. La historia de Mark Zuckerberg fundando Facebook en su habitación universitaria existe, pero estadísticamente es una rareza, no un modelo a seguir.
Esto no significa que vosotros, con 15 o 16 años, no podáis emprender ya. Significa que emprender más tarde no es un fracaso, y que muchas de las personas más exitosas de hacerlo lo hicieron tras una primera etapa profesional como asalariados. El propio Amancio Ortega tenía 39 años cuando abrió la primera tienda Zara, y había trabajado dos décadas en el textil antes; Reed Hastings fundó Netflix con 37; Jeff Bezos fundó Amazon con 30, después de varios años en banca. La cronología real del emprendimiento exitoso es más lenta y menos espectacular que la versión que circula en TikTok.
Mito 4: «Aman el riesgo»
La imagen del emprendedor como aventurero que se lanza al vacío también es engañosa. Los estudios de psicología organizacional muestran que los emprendedores que tienen éxito no aman el riesgo: lo calculan. Antes de tomar una decisión, intentan entender qué pueden perder, qué pueden ganar y qué probabilidad real hay de cada cosa. Aceptan la incertidumbre porque saben que no se puede eliminar, pero hacen lo posible por reducirla.
Quien literalmente ama el riesgo —el que se lanza sin pensar— suele quebrar pronto. Quien evita todo riesgo no llega ni a empezar. El perfil que funciona está en medio: tolerar la incertidumbre y asumir riesgos calculados, midiendo siempre el coste del peor escenario.
Mini-debate de aula
Antes de seguir, dedicad cinco minutos a contestar en parejas: ¿qué famoso emprendedor o emprendedora os viene a la cabeza? Comparad la lista del aula. Lo más probable es que aparezcan tres o cuatro nombres: Elon Musk, Mark Zuckerberg, Amancio Ortega, quizás Steve Jobs. Ahora preguntaos:
- ¿Cuántos son hombres? ¿Cuántas son mujeres?
- ¿Cuántos son españoles? ¿Cuántos no españoles?
- ¿Cuántos representan a empresas de menos de 50 personas?
El resultado del ejercicio suele ser el mismo en casi todas las aulas: la imagen que tenemos del emprendimiento está dominada por hombres extranjeros que dirigen empresas gigantes. Esa imagen no es falsa, pero no representa al emprendimiento real —ni siquiera al exitoso— porque la inmensa mayoría de emprendedores son personas que no salen en la portada de las revistas.
Una imagen que vende, una realidad que enseña
Por qué importan tanto estos mitos. Cuando alguien decide emprender con la imagen del héroe solitario en la cabeza, suele cometer tres errores en cadena: no busca socios, no busca mentores y no busca financiación externa. Cuando alguien empieza esperando ser millonario antes de los 25, se desanima al primer año de facturación discreta. Cuando confunde amor al riesgo con valentía, no calcula el peor escenario y acaba con deudas que tardará años en pagar.
La pedagogía del emprendimiento moderna insiste en lo mismo: sustituir la imagen heroica por una imagen realista del trabajo cotidiano del emprendedor. Hojas de cálculo, llamadas comerciales, gestión de proveedores, fiscalidad. Es menos cinematográfico que la versión Netflix, pero es lo que de verdad hace falta saber.
El perfil emprendedor: cinco rasgos que se desarrollan
Durante muchos años se buscó el perfil del emprendedor ideal: una combinación de rasgos de personalidad que distinguiera a quien iba a tener éxito de quien no. La búsqueda ha sido en gran parte un fracaso. Los meta-análisis recientes —resúmenes de cientos de estudios— sugieren que las diferencias de personalidad entre emprendedores exitosos y el resto son pequeñas en promedio.
Lo que sí sabemos es que hay un puñado de habilidades asociadas al perfil emprendedor, y la buena noticia es que todas se pueden desarrollar con práctica. Ninguna es innata. Son estas cinco:
- Creatividad. No es inventar algo de la nada, sino combinar cosas existentes de una forma nueva. Se entrena mirando lo que te rodea con la pregunta «¿esto se podría hacer de otra manera?».
- Resiliencia. Continuar después de un revés, sin hundirse. Se entrena empezando proyectos pequeños, encajando los fallos, y aprendiendo a separar el resultado de tu valor como persona.
- Iniciativa. Pasar de la idea a la acción sin esperar permiso ni instrucciones detalladas. Se entrena tomando decisiones pequeñas todos los días: organizar un grupo, proponer una salida, montar un evento del instituto.
- Comunicación. Explicar tu idea de forma que otros la entiendan y se interesen por ella. Se entrena hablando en público, escribiendo, escuchando antes de responder.
- Capacidad de aprender de los errores. Identificar qué falló, por qué falló y qué harías distinto la próxima vez, sin culpar al entorno ni hundirte. Se entrena con honestidad y, sobre todo, con calma.
Esta lista es importante por una razón pedagógica: si los rasgos del perfil emprendedor fueran innatos, esta asignatura no tendría sentido. Si son desarrollables, entonces lo que hagáis durante este curso —los proyectos, los debates, las presentaciones, las equivocaciones— sirve para construirlos.
A esta lista habría que añadir un sexto elemento más prosaico que casi nunca aparece en los manuales: la capacidad de pedir ayuda. Los emprendedores que sobreviven son los que aprenden a admitir lo que no saben, a buscar a alguien que sí lo sepa y a hacer preguntas concretas. La autosuficiencia heroica vende libros, pero la realidad es que las empresas se construyen a base de favores, mentores, conversaciones de cafetería y respuestas que llegan por mensaje privado. Pedir ayuda no es un signo de debilidad: es una habilidad estratégica.
El autoconocimiento como punto de partida
Antes de hablar de equipos, ideas o mercados, conviene mirarse a uno mismo. El autoconocimiento —saber qué se te da bien, qué te cuesta, qué te motiva y qué te frena— es la base sobre la que se construye cualquier proyecto. No se trata de definirse de una vez para siempre, sino de tomar conciencia honesta del punto de partida.
A lo largo del curso vais a tener varias oportunidades para mapear esto: en las actividades de Bloque A trabajaremos plantillas concretas (rueda de fortalezas, mapa de motivaciones, registro de hábitos). De momento basta con quedarse con una idea: emprender no es disfrazarse de otra persona; es aprender a usar lo que ya eres con un objetivo concreto.
Qué viene después en este curso
Esta unidad es la puerta de entrada al Bloque A del curso, dedicado al perfil personal del emprendedor. En las próximas semanas profundizaremos en los recursos personales: la Unidad 2 trabaja las habilidades concretas (comunicación, escucha, gestión de emociones, creatividad), y la Unidad 3 discute la dimensión ética del emprendimiento, incluyendo el emprendimiento social al que apenas hemos aludido aquí.
Más adelante, el Bloque B os pedirá mirar fuera: analizar el entorno para detectar oportunidades reales, entender vuestros derechos como consumidores y aprender a leer una etiqueta o un contrato con sentido crítico. El Bloque C entra en los recursos —humanos, financieros y jurídicos— necesarios para llevar adelante un proyecto, incluyendo una unidad muy práctica sobre cómo leer una nómina y entender qué se descuenta y por qué. El Bloque D cierra el curso con la puesta en práctica: una metodología sencilla para diseñar, prototipar y presentar vuestro propio proyecto.
El recorrido tiene una intención: que al terminar el curso tengáis claro qué significa emprender, sepáis si es algo que os interesa explorar y dispongáis de algunas herramientas básicas para hacerlo —o para entender mejor cómo funciona el mundo del trabajo aunque acabéis siendo asalariados.
Glosario
- Emprender: poner en marcha algo nuevo (una empresa, un proyecto social, una iniciativa) organizando recursos y asumiendo el riesgo de que salga mal.
- Mentalidad emprendedora: forma de mirar lo que te rodea preguntándote “¿qué falta aquí?” y atreviéndote a probar una respuesta. No es solo para quien monta empresas.
- Autoemprendimiento: crear tu propio proyecto económico, normalmente como autónomo o pequeña empresa, asumiendo tú la mayor parte del riesgo.
- Intraemprendimiento: emprender dentro de una empresa o institución en la que trabajas, proponiendo y liderando proyectos nuevos sin montar nada propio.
- Emprendimiento social: crear una iniciativa cuya finalidad principal no es ganar dinero, sino resolver un problema social o ambiental.
- Excedente: lo que sobra cuando lo que ganas supera lo que has gastado. Puede reinvertirse, repartirse o destinarse a una causa.
- Pyme: pequeña y mediana empresa (menos de 250 empleados). En España son el 99,8 % de todas las empresas.
- Microempresa: empresa muy pequeña, con menos de 10 empleados. Son el 94,2 % de las empresas españolas.
- DIRCE: Directorio Central de Empresas, el registro del INE que cuenta cuántas empresas hay en España y de qué tamaño.
- Perfil emprendedor: conjunto de habilidades (creatividad, resiliencia, iniciativa, comunicación, aprender de los errores) asociadas a quien emprende. Se desarrollan con la práctica.
Para profundizar
Si esta unidad te ha picado la curiosidad, aquí tienes recursos pensados para tu edad:
- El emprendedor del montón — charla TED de Cameron Herold sobre criar emprendedores (subtítulos en español). Por qué encaja: 20 minutos sobre cómo cualquiera puede desarrollar la mentalidad emprendedora desde joven, sin necesidad de ser un genio.
- Canal de YouTube Tu dinero nunca duerme / pódcast de Value School. Por qué encaja: episodios cortos y divulgativos sobre dinero, empresa y emprendimiento explicados sin tecnicismos, ideales para empezar.
- Pollo, pollo, pega tu cohete — idea sencilla de cualquier libro de retos de emprendimiento juvenil; alternativa más sólida: La buena suerte, de Álex Rovira y Fernando Trías de Bes (2004). Por qué encaja: una fábula corta y muy leída que explica que la suerte se prepara con trabajo y oportunidades, no solo se espera.
- Pódcast Emprende con Ánimo o Itnig (en español). Por qué encaja: entrevistas a fundadores españoles reales que cuentan cómo empezaron de cero, con todos los tropiezos incluidos.
Preguntas para reflexionar
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para debatir en clase o pensar a solas al cerrar la unidad:
- Piensa en algo que hayas organizado alguna vez (una fiesta, un equipo, una venta para un viaje). ¿Tenía los tres ingredientes de emprender —iniciativa, organización y riesgo—? ¿Cuál te costó más?
- La imagen de emprendedor que te viene a la cabeza, ¿es hombre o mujer?, ¿español o extranjero?, ¿de empresa grande o pequeña? ¿Por qué crees que es esa y no otra?
- Si supieras que la edad media de quien funda una empresa con éxito son 45 años, ¿cambiaría en algo cómo ves tu propio futuro profesional?
Bibliografía
- Real Decreto 217/2022, de 29 de marzo, por el que se establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Secundaria Obligatoria (BOE-A-2022-4975).
- INE (2024). Directorio Central de Empresas (DIRCE): resultados a 1 de enero de 2024. Instituto Nacional de Estadística.
- Azoulay, P., Jones, B., Kim, D. y Miranda, J. (2018). Age and High-Growth Entrepreneurship. NBER Working Paper 24489 / American Economic Review: Insights, 2(1), 65-82.
- Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (2024). Cifras PyME: datos enero 2024. Subdirección General de Apoyo a la PYME.
- Ferràs, X. (2019). Innovación 6.0: el fin de la estrategia. Plataforma Editorial. (Manual divulgativo recomendado para profundizar.)
Notas de esta unidad
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