Cuándo usarla
- En la Unidad 10, al redactar los objetivos del proyecto de vida: es la diferencia entre un texto bonito y una hoja de ruta.
- Al empezar el curso o un trimestre, para convertir los propósitos de siempre en algo que se pueda comprobar en marzo.
- En tutoría, cuando alguien dice que quiere «mejorar»: la herramienta lo señala sola y evita que lo tenga que decir el profesor.
Qué tener en cuenta
- La S es la que más suspende. «Mejorar», «esforzarme» o «ponerme las pilas» describen una intención, no una acción: no se pueden marcar como hechas ningún día concreto. La herramienta lo detecta por el verbo.
- La A es la única letra que la herramienta no puede aprobar, solo avisar. Compara el ritmo que exige el objetivo con el que la persona ya lleva; si es más del triple, lo marca como aviso, no como error. Puede ser perfectamente alcanzable: solo merece una segunda mirada.
- Si no se sabe el ritmo actual, se deja en cero y la herramienta dice que no lo comprueba, en lugar de dar por buena la letra. Esa distinción importa.
- Un objetivo puede pasar las cinco letras y ser el objetivo equivocado. La herramienta revisa la forma, nunca si vale la pena. Conviene repetirlo, porque el 5/5 tiende a leerse como aprobación.
- El ritmo semanal es lo que convierte un objetivo en un plan: «diez temas en dieciséis semanas» no dice nada hasta que se lee como «0,5 temas por semana».
Para llevarla a clase
Carga el ejemplo del propósito vago sin decir de qué va y pregunta qué le falta. Alguien dirá «que sea más concreto», que es exactamente la letra S. Después que cada uno escriba el suyo y lo pase por la herramienta en privado. La consigna de salida es sencilla: nadie sale de clase con un objetivo que no tenga un número y una fecha.