Recurso interactivo · Unidad 5

Embudo de validación

Cuenta cuántas personas pasan de que les interese a que paguen, y comprueba en qué paso se cae la mayoría. Es lo que convierte una idea en una hipótesis comprobada.

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Los pasos de tu embudo

Escribe cuánta gente llega a cada paso, de arriba abajo. Cada paso tiene que ser menor o igual que el anterior: si crece, hay algo mal contado.

PasoPersonasPasan del anteriorSobre el totalSe pierden aquí
100,0 %
15,0 %15,0 %1.020
28,3 %4,3 %129
23,5 %1,0 %39
El dinero
Conversiones12
Conversión total1,00 %
Coste por conversión5,00 €
Ingresos216 €
Resultado156 €
Dónde está el problema

El paso más débil es Entran al perfil · 15,0 %

Ahí es donde se pierde la mayor proporción de gente, y es el único paso en el que merece la pena trabajar ahora. Mejorar un paso que ya convierte bien apenas mueve el resultado final; arreglar el peor lo mueve entero.

Métricas de vanidad

El número de arriba —las visitas, los seguidores, la gente que ve la publicación— sube fácil y no decide nada. Los números que deciden son los de abajo, y sobre todo el coste por conversión: si cuesta más conseguir un cliente de lo que ese cliente deja, el proyecto pierde dinero cada vez que crece.

Cómo se calcula

Conversión de un paso: personas del paso ÷ personas del paso anterior.

Conversión total: personas del último paso ÷ personas del primero. Es el producto de todas las conversiones intermedias.

Coste por conversión: gasto total ÷ personas que llegaron al final.

↗ Herramienta interactiva disponible en la versión digital del libro (profedeeconomia.es).

Cuándo usarla

  • En la Unidad 5, después de las entrevistas de problema y antes de invertir un euro: el embudo es lo que separa «le ha gustado a mucha gente» de «me ha comprado alguien».
  • Al volver de salir a la calle con el prototipo, para ordenar lo que ha pasado en lugar de quedarse con la sensación general.
  • Cada vez que un equipo diga que su idea «le gusta a todo el mundo»: casi siempre significa que nadie ha llegado al último paso.

Qué tener en cuenta

  • El paso que importa es el último. Que a alguien le parezca buena idea no cuesta nada y por eso no informa de nada. El compromiso —una reserva, un pago anticipado, dejar un contacto real— es la única señal que pesa.
  • Un embudo estrecho no es un fracaso: es información barata. Si de cien personas interesadas compran tres, se ha averiguado en una semana lo que muchos descubren después de gastarse el presupuesto entero.
  • Lo interesante no es el porcentaje final sino dónde se cae la gente. Si se caen al ver el precio, el problema es el precio; si se caen antes, el problema es la propuesta de valor.
  • Las preguntas que no validan son las que miran al futuro y a la opinión: «¿lo comprarías?», «¿te parece buena idea?». Las que validan miran al pasado y al comportamiento: «¿qué hiciste la última vez que te pasó esto y cuánto te costó?».
  • Con muestras pequeñas los porcentajes bailan mucho. Conviene decirlo: quince conversaciones dan una pista, no una estadística.

Para llevarla a clase

Antes de usar la herramienta, pide a cada equipo que prediga en voz alta cuánta gente creen que llegará al final. Anótalo. Después salen a la calle y vuelven con los números reales. La distancia entre lo que predijeron y lo que salió es la sesión entera, y no hace falta explicarla.