Cuándo usarla
- En la Unidad 2, al pasar de «los agentes deciden racionalmente» a intentar decidir racionalmente de verdad, que es bastante más difícil.
- Cuando una discusión de clase se atasca: casi siempre no se discrepa en la conclusión sino en el peso que cada uno le da a un criterio.
- Antes de estudiar los sesgos, para tener algo con lo que compararlos: la matriz es la versión ideal de la que el cerebro se desvía.
Qué tener en cuenta
- Los pesos se fijan antes de puntuar, nunca después. Si se ajustan al ver el resultado, la matriz deja de decidir nada y se convierte en una justificación de lo que ya se quería hacer. Conviene decirlo en voz alta.
- El coste de oportunidad ya está dentro: al comparar opciones, elegir la mejor implica renunciar a la segunda, y la diferencia de puntuación es una medida de lo que se pierde.
- Los costes hundidos no son un criterio. Lo ya gastado no debería aparecer en ninguna fila: solo cuenta lo que cambia hacia delante. Es la trampa más frecuente.
- La matriz no elimina la subjetividad, la hace explícita. Ese es todo su valor: si el resultado sorprende, se puede señalar exactamente en qué celda estaba el desacuerdo.
- Un resultado muy ajustado suele significar que las opciones son parecidas, no que la herramienta falle. Ahí conviene decidir por otra vía y no forzar décimas.
Para llevarla a clase
Plantea una decisión real del centro —el destino del viaje de fin de curso vale— y monta la matriz con toda la clase. Fija los pesos por votación antes de puntuar nada. Cuando salga el resultado, pregunta a quien no esté de acuerdo qué celda cambiaría: la respuesta es siempre más interesante que el número, y es exactamente el material que necesita la unidad siguiente sobre sesgos.