Tiempo estimado de lectura: ~25 min · Saberes LOMLOE: A.1.1, A.1.2, A.2.1 · Pre-requisitos: ninguno (primera unidad de la materia).
Al acabar esta unidad sabrás:
- Explicar qué es la escasez y por qué es el punto de partida de toda la economía.
- Reconocer el coste de oportunidad detrás de cualquier decisión, también las que no implican dinero.
- Distinguir escasez de ineficiencia y entender por qué desperdiciar recursos es un problema económico.
- Resolver la paradoja del valor separando el valor de uso del valor de cambio.
- Identificar los tres grandes mecanismos con los que las sociedades asignan recursos y describir cómo funciona un mercado.
- Entender la economía como ciencia social, con sus dificultades propias y con la modelización como herramienta de trabajo.
Esta materia se llama Economía, Emprendimiento y Actividad Empresarial, y a lo largo del curso hablaremos de personas que montan proyectos, de empresas que cambian de modelo de negocio, de la revolución digital y de los retos del planeta. Pero todo eso descansa sobre una idea que conviene fijar antes que ninguna otra. No es una idea técnica ni difícil: es, en realidad, la experiencia más cotidiana que existe. Querer más de lo que se puede tener.
Piensa en una mañana cualquiera. Tienes cuarenta minutos antes de salir de casa y podrías repasar para un examen, desayunar con calma o dormir un poco más. No puedes hacer las tres cosas: el tiempo no da. Tienes veinte euros y delante una camiseta, dos entradas de cine y un cargador nuevo; eliges, y al elegir renuncias. Esto que parece trivial es exactamente el problema que estudia la economía, solo que ampliado a millones de personas, empresas y países que toman decisiones a la vez. La economía no nace de los bancos ni de la bolsa: nace de que los recursos son limitados y los deseos no lo son.
Esta primera unidad pone los cimientos. No vamos a dibujar gráficos ni a hacer cálculos complicados —eso pertenece a otras materias y a otros cursos—. Vamos a entender, con casos reales y con sentido común, por qué existe la economía como forma de pensar, qué preguntas intenta responder y qué clase de ciencia es. Si esto queda claro, el resto del curso —el emprendimiento, las empresas, la innovación— se entiende mucho mejor, porque todo son respuestas distintas al mismo problema de fondo.
La escasez: el problema que lo explica casi todo
La escasez es el desajuste permanente entre unos recursos limitados y unas necesidades y deseos que, en conjunto, no tienen fin. No es lo mismo que la pobreza ni que la falta puntual de algo. La escasez afecta a todo el mundo, también a quien tiene mucho: una persona millonaria sigue teniendo solo veinticuatro horas al día y sigue teniendo que elegir en qué gasta su tiempo y su atención. Por eso decimos que la escasez es un problema estructural: no se resuelve teniendo más, porque al tener más también aparecen nuevos deseos.
Recursos finitos, deseos abiertos
Los recursos con los que contamos son finitos: el tiempo, el dinero, las materias primas, la energía, el talento, el suelo disponible. Las necesidades y deseos, en cambio, tienden a expandirse. Cuando se cubre una, suelen aparecer otras: cubierta la comida, queremos variedad; cubierta la vivienda, la queremos mejor; resuelto lo básico, aparecen el ocio, el reconocimiento, los proyectos personales. Esa expansión continua es lo que mantiene vivo el problema económico generación tras generación, incluso en las sociedades más ricas de la historia.
Las tres preguntas que la escasez plantea
Porque hay escasez, cualquier sociedad —y también cualquier persona— se enfrenta una y otra vez a tres preguntas básicas que conviene tener en la cabeza desde el principio del curso. ¿Qué producir?: con recursos limitados no se puede producir todo, hay que decidir si más alimentos o más coches, más vivienda o más ocio. ¿Cómo producir?: con qué técnicas, con más máquinas o más personas, contaminando más o menos. ¿Para quién producir?: cómo se reparte lo producido entre los miembros de la sociedad. Estas tres preguntas, formuladas con claridad por el economista Paul Samuelson, no las inventa el economista: las impone la escasez. Si los recursos fueran infinitos, no habría nada que decidir. Toda la materia, en el fondo, gira en torno a las distintas formas de responderlas.
La respuesta a “¿qué producir?” no es abstracta: se ve en cómo una sociedad reparte su esfuerzo entre los grandes sectores de actividad. En la España actual, ese reparto está muy escorado hacia los servicios.
Bienes libres y bienes económicos
No todo es escaso. Un bien libre es aquel del que hay más que suficiente para todos, no tiene precio y nadie tiene que repartirlo: el aire que respiras en el campo es el ejemplo clásico. Un bien económico, en cambio, es escaso, hay que producirlo o repartirlo, y por eso suele tener un precio. La frontera entre ambos no es fija. Muchos bienes que durante siglos fueron libres se han vuelto escasos: el agua limpia, el aire puro en una ciudad contaminada, el silencio, incluso el espacio en una playa en agosto. Cuando un bien libre se vuelve escaso, entra de lleno en el terreno de la economía, y eso explica por qué cada vez se “economizan” cosas que antes dábamos por gratuitas.
El coste de oportunidad: la cara oculta de cada decisión
Si la escasez nos obliga a elegir, toda elección tiene un precio que casi nunca aparece en ningún recibo. Cuando dedicas un recurso a una cosa, dejas de dedicarlo a otra. Eso a lo que renuncias es el coste de oportunidad de tu decisión. Es, probablemente, la idea más útil de toda la materia, porque enseña a pensar en lo que no se ve.
Lo importante es que el coste de oportunidad existe siempre, también cuando no hay dinero de por medio. El coste de oportunidad de pasar la tarde del sábado jugando a videojuegos es lo que podrías haber hecho con ese mismo tiempo: estudiar, quedar con alguien, descansar de verdad. El coste de oportunidad de estudiar una carrera no es solo lo que cuesta la matrícula, sino también el sueldo que dejas de ganar durante esos años. Por eso los economistas insisten tanto en él: la decisión inteligente no es la que no tiene coste —no existe—, sino la que vale más de lo que cuesta dejar pasar.
Escasez y eficiencia: no desperdiciar lo que tenemos
Una sociedad puede tener un problema de escasez —siempre lo tiene— y, además, agravarlo desperdiciando los recursos que sí posee. Aquí entra la noción de eficiencia. Decimos que una asignación de recursos es eficiente cuando aprovecha al máximo lo disponible: no deja talento parado, ni máquinas sin usar, ni materias primas pudriéndose. La ineficiencia, en cambio, es escasez autoinfligida: tener recursos y no usarlos bien.
Esta distinción es clave para no confundir dos problemas distintos. La escasez es inevitable; la ineficiencia, no. Una economía con paro elevado tiene personas dispuestas a trabajar que no producen nada: es un recurso —el trabajo— infrautilizado. Una empresa que tira la mitad de su producción por mala planificación está siendo ineficiente. Una ciudad que deja edificios públicos vacíos mientras hay quien necesita espacios está desperdiciando un recurso. En todos estos casos no falta el recurso: falta usarlo bien.
La paradoja del valor: por qué el agua es barata y los diamantes caros
Hay una pregunta clásica que durante siglos desconcertó a los economistas y que sigue siendo una de las puertas de entrada más elegantes a esta materia. El agua es imprescindible para vivir: sin ella morimos en pocos días. Un diamante no sirve, en rigor, para nada esencial. Y sin embargo el diamante cuesta una fortuna y el agua, casi nada. ¿Cómo puede algo tan útil valer tan poco y algo tan inútil valer tanto? Es la paradoja del valor, ya planteada por Adam Smith en 1776.
Valor de uso y valor de cambio
La clave está en distinguir dos sentidos de la palabra “valor”. El valor de uso es la utilidad que un bien aporta, lo que nos permite hacer o satisfacer. El valor de cambio es lo que ese bien permite obtener a cambio en un intercambio, es decir, su precio. El agua tiene un valor de uso altísimo y un valor de cambio bajo; el diamante, al revés.
La solución: utilidad de la última unidad
La economía resolvió la paradoja a finales del siglo XIX con una idea sencilla: lo que determina el precio no es la utilidad total de un bien, sino la utilidad de la última unidad disponible, y esa depende de su escasez. El agua es tan abundante (en buena parte del mundo) que disponer de un litro más apenas añade nada a lo que ya tenemos: su utilidad adicional es baja, y por eso su precio lo es. Los diamantes son tan escasos que cada unidad disponible es muy valorada, y por eso su precio es alto. La paradoja desaparece en cuanto se une utilidad y escasez: el valor de cambio no mide cuánto importa un bien en abstracto, sino cuánto importa tener una unidad más de él dada su disponibilidad. Volvemos, una vez más, a la escasez como hilo conductor.
¿Cómo decide una sociedad? Los mecanismos de asignación
Hasta aquí hemos visto que la escasez obliga a elegir. Pero ¿quién elige, y cómo? Una sociedad entera tiene que decidir continuamente qué se produce, cómo y para quién llega cada cosa. A lo largo de la historia, los grupos humanos han usado básicamente tres grandes mecanismos para resolverlo, y todas las economías reales combinan los tres en distinta proporción.
Tres formas de asignar recursos escasos
- La tradición. Las cosas se hacen como se han hecho siempre: el oficio se hereda del padre o de la madre, el reparto sigue costumbres antiguas, la posición social marca lo que cada uno recibe. Fue dominante en las sociedades agrarias y todavía pesa en muchos ámbitos. Da estabilidad, pero se adapta mal a los cambios.
- La autoridad. Una instancia central —el Estado, un planificador, una jefatura— decide qué se produce y cómo se reparte. Permite orientar recursos hacia grandes objetivos colectivos, pero necesita una información enorme y suele tener dificultades para acertar con los detalles del día a día.
- El mercado. Las decisiones se toman de forma descentralizada: millones de personas y empresas compran y venden libremente, y los precios actúan como señales que coordinan a todos sin que nadie dé la orden. Es el mecanismo dominante en las economías actuales, aunque nunca aparece solo.
Ninguna sociedad usa un solo mecanismo. En España compras el pan en el mercado, pero la sanidad o la educación obligatoria se asignan por decisión pública (autoridad), y muchas costumbres familiares y de consumo siguen pesando por tradición. La pregunta interesante nunca es “¿mercado o Estado?” en abstracto, sino qué se asigna mejor por cada vía, y eso lo iremos viendo a lo largo del curso.
Una primera mirada al mercado
De los tres mecanismos, el mercado merece una primera explicación, porque es el más presente en nuestra vida diaria y el que más usaremos en el resto de la materia. Un mercado no es necesariamente un lugar físico: es cualquier mecanismo que pone en contacto a quienes quieren comprar algo (la demanda) con quienes quieren venderlo (la oferta). Una frutería, una web de segunda mano, la bolsa o una app de transporte son todos mercados.
Lo notable del mercado es que coordina a millones de personas que no se conocen ni se ponen de acuerdo, y lo hace a través de los precios. Cuando un producto escasea y mucha gente lo quiere, su precio tiende a subir; ese precio alto desanima a parte de los compradores y anima a más vendedores a producirlo, hasta que el desajuste se corrige. Cuando algo sobra, el precio baja y ocurre lo contrario. El precio funciona, así, como un mensaje que transmite información sobre la escasez relativa de cada cosa: nadie tiene que anunciar que faltan tomates, su precio lo dice por sí solo. Esta es solo una primera idea panorámica; el funcionamiento detallado del mercado, con su análisis fino de oferta y demanda, pertenece a otras materias del bachillerato.
La economía como ciencia social
Llegados aquí conviene preguntarse qué tipo de conocimiento es la economía. La respuesta es que es una ciencia social. Las dos palabras importan. Ciencia, porque no se contenta con opinar: formula explicaciones, las contrasta con datos y las corrige cuando fallan. Social, porque su objeto de estudio no son piedras ni planetas, sino el comportamiento de personas, que deciden, cambian de idea y reaccionan a lo que se dice de ellas. Esa naturaleza social le da una potencia enorme y, a la vez, unas dificultades propias que la diferencian de la física o la química.
Las dificultades del análisis económico
Estudiar el comportamiento humano en sociedad es endiabladamente complicado, y conviene reconocerlo con honestidad en lugar de fingir una precisión que no existe.
Por qué analizar la economía es difícil
- La realidad es complejísima. En un fenómeno económico —una subida de precios, el cierre de una fábrica— intervienen miles de factores a la vez. Aislar la causa de un efecto es siempre parcial, porque nunca se puede mantener “todo lo demás constante” como en un laboratorio.
- Casi no se puede experimentar. No se puede recrear la economía de un país para probar qué pasaría con otra política. A diferencia de un químico, el economista rara vez puede repetir el experimento en condiciones controladas.
- El objeto de estudio reacciona. Las personas cambian su comportamiento cuando saben lo que se espera de ellas o lo que va a pasar. Si se anuncia que un producto va a subir, la gente lo compra antes, y eso ya altera el resultado. Las piedras no hacen esto; las personas, sí.
Estas dificultades no convierten la economía en mera opinión, pero sí explican por qué entre economistas serios hay desacuerdos legítimos sobre cuestiones donde la física tendría consenso total. Reconocer los límites del propio conocimiento es, paradójicamente, una de las marcas de seriedad de cualquier ciencia.
La modelización: simplificar para entender
¿Cómo se las arregla entonces la economía para decir algo útil sobre una realidad tan complicada? Su herramienta principal es la modelización: construir representaciones simplificadas de la realidad que dejan fuera lo accesorio para iluminar lo esencial. Un modelo económico es como un mapa. Un mapa no reproduce cada árbol ni cada bache —si lo hiciera, sería tan grande e inútil como el propio territorio—; selecciona lo que importa para orientarse. Igual hace un modelo: simplifica deliberadamente para que se entienda un mecanismo.
Cuando más adelante en otras materias veas curvas, ecuaciones o gráficos económicos, recuerda esto: son modelos, mapas mentales que sacrifican detalle a cambio de claridad. La matemática es, en economía, una herramienta para razonar con orden, no un fin en sí misma ni una garantía de verdad. La economía moderna usa cada vez más datos y métodos cuantitativos, pero la pregunta que persigue sigue siendo la misma que abre esta unidad: cómo decidimos, individual y colectivamente, ante la escasez.
Una ciencia conectada con las demás
Por último, la economía no funciona aislada. Para entender por qué la gente decide como decide necesita a la psicología; para entender cómo influyen los grupos y las costumbres, a la sociología; para discutir qué reparto es justo, a la filosofía y la ética; para medir los límites del planeta, a la ecología. Esta materia adopta deliberadamente esa mirada amplia: a lo largo del curso veremos la economía dialogando con otras disciplinas, porque las decisiones humanas reales nunca son solo económicas. Reducir a las personas a calculadoras de beneficios sería un mal modelo, justamente uno de esos mapas que dejan fuera lo importante.
Glosario
- Escasez: desajuste estructural entre unos recursos limitados y unas necesidades y deseos prácticamente ilimitados. Es la razón de ser de la economía.
- Las tres preguntas básicas: qué producir, cómo producir y para quién producir; las tres derivan directamente de la escasez y toda sociedad debe responderlas (formulación de Samuelson).
- Bien libre: bien tan abundante que no es escaso, no tiene precio y no requiere reparto (por ejemplo, el aire limpio en zonas no contaminadas).
- Bien económico: bien escaso que hay que producir o repartir y que, por ello, suele tener un precio en algún mercado.
- Coste de oportunidad: valor de la mejor alternativa a la que se renuncia al tomar una decisión. Es un coste real, no contable, y existe incluso sin dinero de por medio.
- Eficiencia: aprovechamiento pleno de los recursos disponibles. La ineficiencia es no usar bien lo que se tiene: una forma de escasez autoinfligida.
- Paradoja del valor: contraste entre la enorme utilidad y el bajo precio de algunos bienes (el agua) frente a la escasa utilidad y el alto precio de otros (los diamantes).
- Valor de uso: utilidad que un bien proporciona a quien lo posee.
- Valor de cambio: cantidad de otros bienes o de dinero que se puede obtener a cambio de un bien; en la práctica, su precio.
- Mecanismos de asignación: las tres grandes formas en que una sociedad reparte recursos escasos: tradición, autoridad y mercado.
- Mercado: cualquier mecanismo que pone en contacto a compradores (demanda) y vendedores (oferta) y que coordina sus decisiones a través de los precios.
- Precio: cantidad de dinero por la que se intercambia un bien; en un mercado actúa como señal que transmite información sobre la escasez relativa de cada cosa.
- Modelo económico: representación simplificada de la realidad que selecciona lo esencial; se juzga por su utilidad, no por su realismo.
- Ciencia social: disciplina que estudia el comportamiento humano en sociedad con método científico, asumiendo que su objeto de estudio decide y reacciona.
Para profundizar
Si esta unidad te ha interesado, aquí van algunos recursos para ir más allá. No hace falta dominarlos para seguir el curso, pero amplían la mirada:
- Cómo piensan los economistas (capítulo introductorio de cualquier edición de Principios de economía, de N. Gregory Mankiw). Por qué encaja: sus “principios” abren con la escasez, el coste de oportunidad y el pensamiento en el margen, exactamente lo nuclear de esta unidad, en lenguaje accesible.
- La paradoja del valor en La riqueza de las naciones (Adam Smith, 1776, libro I, capítulo IV). Por qué encaja: leer el planteamiento original de la paradoja agua-diamantes —apenas un par de páginas— conecta el problema con su origen histórico y con el nacimiento de la economía moderna.
- Freakonomics, de Steven Levitt y Stephen Dubner (2005), o su podcast homónimo. Por qué encaja: muestra el método económico —pensar en incentivos, costes de oportunidad y datos— aplicado a preguntas cotidianas e inesperadas, ideal para ver la economía como forma de mirar el mundo.
- El documental El año de la sequía o reportajes sobre el “Día Cero” de Ciudad del Cabo (2018). Por qué encaja: ilustra de forma muy visual cómo un bien que damos por gratuito se convierte en escaso y cómo cambian su valor y su gestión, conectando con la paradoja del valor.
- Informe de la FAO sobre pérdidas y desperdicio de alimentos (resumen ejecutivo, en español en el sitio de la FAO). Por qué encaja: aporta datos reales para discutir en clase la diferencia entre escasez y eficiencia y su dimensión ética y ambiental.
Preguntas para reflexionar
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para discutir en clase o para pensar al cerrar la unidad:
- Se dice que la escasez afecta también a las personas muy ricas. ¿En qué sentido? ¿Qué recurso escaso comparten exactamente todos los seres humanos, gane lo que gane cada uno?
- Piensa en una decisión importante que hayas tomado este último año (estudiar algo, dejar una actividad, comprar algo caro). ¿Cuál fue su coste de oportunidad? ¿Lo tuviste en cuenta al decidir?
- La paradoja del valor muestra que precio y utilidad no siempre coinciden. ¿Se te ocurren productos hoy muy caros y poco útiles, o muy útiles y casi gratis? ¿Qué tienen que ver la escasez y la moda con ello?
- ¿Qué cosas crees que se asignan mejor por mercado y cuáles por decisión pública (autoridad)? ¿Pondrías la sanidad, la educación o el agua en el mismo grupo que la ropa o los videojuegos? ¿Por qué?
Bibliografía
- Real Decreto 243/2022, de 5 de abril, por el que se establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas del Bachillerato (BOE‑A‑2022‑5521), anexo II — Economía, Emprendimiento y Actividad Empresarial.
- Smith, A. (1776). Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Edición de Alianza Editorial (varias reediciones).
- Robbins, L. (1932). An Essay on the Nature and Significance of Economic Science. Macmillan.
- Samuelson, P. A. y Nordhaus, W. D. (2019). Economía. 19.ª edición. McGraw‑Hill.
- Mankiw, N. G. (2024). Principios de economía. 10.ª edición. Cengage Learning.
- Instituto Nacional de Estadística (2025). Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Año 2025.
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (2024). Desperdicio alimentario en España. Informe de resultados, panel de cuantificación 2024. https://www.mapa.gob.es/es/alimentacion/temas/desperdicio/
- Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) (2019). The State of Food and Agriculture 2019: Moving forward on food loss and waste reduction.
- Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) (2023). Informe de supervisión del mercado mayorista de electricidad. Año 2022.
Notas de esta unidad
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