Cuándo usarla
- En la Unidad 3, cuando aparecen los fallos de mercado: la externalidad es el más fácil de ver con números y el que mejor conecta con la sostenibilidad.
- Al hablar de la Agenda 2030, para pasar del «hay que contaminar menos» a por qué el mercado por sí solo no lo consigue.
- Antes de discutir instrumentos de política ambiental —impuestos, permisos, regulación—, para que la discusión tenga una referencia común.
Qué tener en cuenta
- La externalidad no es que contaminar esté mal: es que el precio no lo recoge. Quien produce solo mira sus costes privados, así que produce más de lo que sería eficiente para el conjunto. Ese exceso es el problema, y se ve en la gráfica.
- El impuesto pigouviano no busca recaudar: busca que el precio incluya el coste que hoy paga otro. Si lo consigue, el impuesto ideal iguala exactamente el daño marginal.
- Hay un punto que se explica mal en casi todos los libros: el objetivo no es contaminación cero. Es la cantidad en la que el beneficio de producir una unidad más iguala el daño que causa. Cero contaminación exigiría parar la actividad, y eso también tiene un coste.
- Las externalidades positivas existen y funcionan al revés: se produce de menos, y el instrumento es la subvención. Vale la pena mencionarlas para que no se identifique externalidad con contaminación.
- Los permisos negociables son la alternativa: fijan la cantidad y dejan que el precio lo ponga el mercado, mientras que el impuesto fija el precio y deja que la cantidad se ajuste sola.
Para llevarla a clase
Sube el daño externo poco a poco y pregunta en qué momento dejaría de compensar producir. Alguien dirá «cuando el daño sea muy grande», y ahí ya está la idea del punto óptimo. Termina preguntando quién paga hoy ese coste si nadie lo cobra: la respuesta —los vecinos, el río, la generación siguiente— es de lo que trata la unidad.