Tiempo estimado de lectura: ~18 min · Saberes (Decret 108/2022): B4.1.1–B4.1.2, B4.2.1–B4.2.3 · Pre-requisitos: las áreas de la empresa (Unidades 4-5) y la viabilidad económica del proyecto (Unidad 6).
Al acabar esta unidad sabrás:
- Justificar por qué tu proyecto vale la pena para el lugar donde nace, no en abstracto.
- Calcular, de forma sencilla, cuánto de lo que mueve tu proyecto se queda en la economía local.
- Mirar la huella ecológica de tu actividad y reducirla con la lógica circular.
- Tomar decisiones de compra y producción con criterio de consumo sostenible.
- Convertir todo eso en valor compartido y conectarlo con un par de ODS concretos.
Llegamos a la última unidad del libro, y no es casualidad que sea esta. Durante todo el curso habéis construido un proyecto: detectasteis una necesidad, generasteis una idea, decidisteis su forma jurídica, organizasteis las áreas y comprobasteis que cuadra económicamente. Ahora toca la pregunta que da sentido a todo lo anterior y que es el sello propio de esta materia: ¿qué deja vuestro proyecto en el sitio donde nace? No qué gana —eso ya lo medisteis en la Unidad 6—, sino qué le devuelve a su entorno.
Esta unidad no va de teoría de la sostenibilidad en general. Otras materias ya recorren los grandes marcos —los límites del planeta, los fallos de mercado, la Agenda 2030 vista desde arriba—. Aquí hacemos lo que ninguna otra hace: aplicar el análisis de impacto a vuestro propio proyecto, con un foco muy concreto que recorre todo GPE, el desarrollo económico local. Un proyecto emprendedor no flota en el vacío: compra a alguien, vende a alguien, contrata a alguien y genera residuos en algún sitio. Todas esas decisiones pueden reforzar la economía de vuestro pueblo o ciudad —o vaciarla—. La diferencia depende de vosotros.
El recorrido tiene dos mitades. Primero el impacto social y local: por qué la propuesta de valor de un proyecto se justifica desde una necesidad del entorno y cómo lograr que el dinero y el empleo que mueve se queden cerca. Después el impacto ambiental aplicado: la huella ecológica de vuestra actividad concreta, la economía circular como forma de reducirla y el consumo sostenible como criterio de compra. Cerramos juntando las dos mitades en una idea, el valor compartido, que prepara directamente la Fase 4 del cuaderno.
La propuesta de valor nace de una necesidad local
Volved al principio de vuestro proyecto. En la Fase 0 elegisteis un reto del entorno; en la Fase 1 lo convertisteis en una idea. Esa cadena no era un trámite: es la columna vertebral de un proyecto con propósito. La propuesta de valor —lo que vuestro proyecto ofrece y por qué alguien lo querría— solo se sostiene si responde a una necesidad real de vuestra comunidad.
La empresa global piensa, pero el proyecto local resuelve
Hoy casi cualquier producto puede venir de cualquier parte del mundo. Esa es la cara global de la economía. Pero la mayoría de necesidades cotidianas se viven en un lugar concreto: un barrio sin un sitio donde reparar bicicletas, un pueblo cuyos mayores no tienen quien les lleve la compra, un instituto sin material reutilizado de segunda mano, una zona agrícola que tira un excedente que nadie aprovecha. Un proyecto emprendedor local detecta esa necesidad de cerca, la entiende mejor que una gran empresa lejana y la resuelve con una propuesta ajustada al sitio.
Esto conecta con algo que ya hicisteis: el producto o servicio como respuesta a una necesidad de la comunidad (Unidad 4). Ahora lo llevamos un paso más allá. No basta con que resuelva una necesidad; conviene saber a quién más beneficia que vuestro proyecto exista: a los proveedores de la zona, a las personas que emplearéis, a los clientes que ahorran un desplazamiento. Ese mapa de beneficiados es el primer boceto de vuestro impacto social.
Emprender es, también, hacer territorio
Cada proyecto que arranca en un pueblo o un barrio hace algo más que vender: ocupa un local que estaba vacío, da una primera oportunidad laboral, anima una calle, retiene talento joven que si no se marcharía. Los economistas lo llaman desarrollo económico local: la idea de que el progreso de un territorio no llega solo desde fuera —ni desde una gran fábrica que aterriza ni desde subvenciones lejanas—, sino que se construye también desde abajo, con muchas iniciativas pequeñas arraigadas en el sitio. Vuestro proyecto, por modesto que sea, es una de esas piezas.
Que el valor se quede cerca: retornos en la economía local
Una vez justificado el porqué local, viene el cómo. Un proyecto mueve dinero: cobra a clientes, paga a proveedores, abona salarios, contrata servicios. La pregunta decisiva para el impacto local es dónde acaba ese dinero. Cada euro que gasta vuestro proyecto puede quedarse en la economía de proximidad o salir disparado fuera de ella.
El efecto multiplicador local, en versión sencilla
Imaginad dos proyectos idénticos que ingresan lo mismo. El primero compra sus materias primas a un proveedor del polígono de al lado, contrata a una persona del pueblo y encarga su web a un autónomo de la zona. El segundo compra todo a una gran plataforma de fuera, no contrata a nadie local y paga servicios a empresas lejanas. Aunque facturen igual, el retorno local es radicalmente distinto: en el primer caso, el dinero vuelve a circular en el entorno —el proveedor compra a su vez en la zona, el trabajador gasta su salario en comercios cercanos—; en el segundo, se evapora hacia fuera casi de inmediato.
No se trata de cerrarse al mundo ni de comprar peor por principio. Se trata de mirar, decisión a decisión, si existe una opción local razonable y de elegirla cuando la diferencia merezca la pena. Es el mismo criterio que aplicasteis al diseñar el área de aprovisionamiento (Unidad 4), ahora con una pregunta añadida: ¿de quién compro y dónde está?
Producción y consumo responsables
Aumentar el retorno local va de la mano de producir y consumir de forma responsable. Para vuestro proyecto significa cosas muy concretas:
Cómo reforzar el retorno local de tu proyecto
- Comprar de proximidad cuando sea razonable. Priorizar proveedores cercanos en el plan de compras reduce transporte, acorta plazos y mantiene el dinero en la zona. No siempre será posible; el ejercicio es buscarlo activamente, no descartarlo por defecto.
- Emplear y formar en el entorno. Si el proyecto crece y contrata, hacerlo en la comunidad multiplica su impacto: un salario local se gasta, en buena parte, en comercios locales.
- Contratar servicios cercanos. Diseño, reparaciones, gestoría, logística: muchos de estos servicios tienen una opción local que a menudo ni se mira.
- Comunicar el origen. Si tu proyecto es de proximidad, dilo. Para muchos clientes, saber que algo es local y deja valor en la zona es parte de la propuesta de valor.
La economía colaborativa como aliada del proyecto
Hay una forma de organizar la actividad que encaja especialmente bien con un proyecto local de recursos limitados: la economía colaborativa, esto es, compartir recursos en lugar de poseerlos todos. Para un proyecto que arranca, puede significar compartir un local o un taller con otros emprendedores, usar un espacio de coworking, alquilar maquinaria en vez de comprarla, o sumarse a una plataforma vecinal de intercambio. Compartir abarata el arranque, reduce recursos ociosos y, de paso, teje red con otros proyectos del entorno. Es desarrollo local en estado puro: en vez de que cada cual lo tenga todo, la comunidad aprovecha mejor lo que ya hay.
La huella ecológica de tu proyecto
Pasamos a la segunda mitad: el impacto ambiental, pero también aplicado a vuestro caso concreto. Toda actividad económica deja una huella ecológica: consume recursos (energía, agua, materiales) y genera residuos y emisiones. Vuestro proyecto, por pequeño que sea, también la deja. Reconocerla no es un castigo, es información para decidir mejor.
Mirar la huella del propio proyecto
No vais a calcular una huella ecológica con precisión científica —eso pertenece a otras materias—, sino a identificar dónde aprieta vuestro proyecto. Tres preguntas bastan para empezar: ¿qué materiales y energía consume?, ¿qué residuos genera y dónde acaban?, ¿qué transporte implica? Un proyecto de comida de proximidad y uno que vende productos importados con mucho embalaje tienen huellas muy distintas, y ambos pueden reducirla si saben dónde mirar.
Economía circular, aplicada a vuestro caso
La forma más práctica de reducir esa huella es pensar el proyecto en circular en vez de en lineal. El modelo lineal —extraer, producir, tirar— da por hecho que cada cosa termina en la basura. La economía circular pregunta, en cada decisión: ¿puedo usar menos?, ¿puedo usarlo más tiempo?, ¿puede esto volver a entrar en algún ciclo en lugar de convertirse en residuo?
Llevado a vuestro proyecto:
Pensar tu proyecto en circular
- Diseñar para que dure y se pueda arreglar. Si tu proyecto crea un producto, pensarlo reparable y duradero evita que el cliente tenga que comprar otro pronto.
- Reutilizar antes de comprar nuevo. Material de segunda mano, envases retornables, embalaje mínimo: cada compra evitada es huella evitada y, a menudo, dinero ahorrado.
- Convertir tus residuos en recurso. Como Zuvamesa con las cortezas: preguntarse qué se tira que alguien —o el propio proyecto— podría aprovechar.
- Cerrar el ciclo con el cliente. Recoger el producto al final de su vida, ofrecer recambios, fomentar la devolución del envase. La relación no acaba en la venta.
Consumo sostenible: lo que compras también decide
La economía circular no es solo lo que produces, sino también lo que consumes para producir. El consumo sostenible aplicado a vuestro proyecto significa elegir, en el aprovisionamiento, opciones con menos impacto: materiales reciclados o reciclables, proveedores con buenas prácticas, productos de temporada y de cercanía, menos embalaje. Cada decisión de compra es, en pequeño, un voto por un tipo de economía. Y, como vimos, comprar de proximidad une dos objetivos a la vez: menos huella de transporte y más retorno local.
Crear valor compartido y conectar con los ODS
Hemos visto el impacto social-local por un lado y el ambiental por otro. La idea que los une, y con la que cerramos la unidad, es el valor compartido: la convicción de que un proyecto no tiene por qué elegir entre ganar dinero y hacer el bien, sino que puede hacer las dos cosas a la vez si está bien diseñado.
Qué es el valor compartido
Crear valor compartido significa que el proyecto genera valor económico para sí mismo y, al mismo tiempo, valor para su entorno —social y ambiental—. No es filantropía (regalar parte del beneficio) ni es lavado de imagen: es diseñar el negocio de manera que su forma de ganar dinero sea, en sí misma, beneficiosa para la comunidad y el planeta. Un proyecto que da empleo local, compra de proximidad y aprovecha sus residuos no está «siendo bueno» a costa de su rentabilidad: está construyendo su rentabilidad sobre una base que también beneficia a su entorno.
Anclar el proyecto en uno o dos ODS
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son el lenguaje común para nombrar ese valor. No se trata de estampar los 17 logos en la presentación —eso sería lo contrario del propósito—, sino de elegir uno o dos ODS con los que vuestro proyecto contribuya de verdad y poder explicar cómo. Un proyecto de reparación encaja con el ODS 12 (producción y consumo responsables); uno que crea empleo local de calidad, con el ODS 8 (trabajo decente y crecimiento económico); uno de proximidad que reduce transporte, con el ODS 11 (ciudades y comunidades sostenibles) o el 13 (acción por el clima). La regla es la honestidad: solo los ODS que el proyecto toca de forma real y demostrable.
Esto, además, os prepara para defender el proyecto. En la presentación final (Fase 5) tendréis que explicar no solo que vuestro proyecto cuadra económicamente, sino que aporta algo a su entorno. Un proyecto con impacto local y ambiental bien argumentado es, sencillamente, un proyecto más convincente.
Glosario
- Desarrollo económico local: progreso de un territorio construido desde abajo, mediante muchas iniciativas pequeñas arraigadas en el sitio, no solo desde grandes inversiones externas.
- Propuesta de valor local: lo que ofrece un proyecto justificado desde una necesidad real de su entorno y desde su ventaja para resolverla mejor que una solución de fuera.
- Retorno local: parte del gasto de un proyecto (proveedores, empleo, servicios) que se queda en la economía de proximidad y vuelve a circular en ella.
- Consumo de proximidad: elección de proveedores y productos cercanos, que reduce el transporte y mantiene el valor en el territorio.
- Economía colaborativa: forma de organizar la actividad compartiendo recursos (espacios, maquinaria, plataformas) en lugar de poseerlos todos.
- Huella ecológica: conjunto de recursos que consume y de residuos y emisiones que genera la actividad de un proyecto.
- Economía circular aplicada: diseño del proyecto para usar menos, usar más tiempo y reincorporar materiales, frente al modelo lineal de extraer-producir-tirar.
- Consumo sostenible: criterio de compra que prioriza opciones de menor impacto ambiental (reciclado, reutilizable, de cercanía, con poco embalaje).
- Valor compartido: situación en que la forma de ganar dinero de un proyecto produce, a la vez, beneficio para la comunidad y el medio ambiente.
- Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): marco común de 17 objetivos de la ONU; en un proyecto se eligen uno o dos a los que se contribuye de forma real.
Para profundizar
Si esta unidad te ha interesado, aquí van algunos recursos para llevar el impacto de tu proyecto un paso más allá:
- Casos de economía circular del IVACE / Generalitat Valenciana (ivace.es, plataforma de economía circular). Por qué encaja: reúne empresas valencianas reales que han cerrado ciclos de materiales, ideales para buscar un caso parecido al de tu proyecto.
- Guía de los ODS para pymes y emprendedores (Pacto Mundial de la ONU España, pactomundial.org). Por qué encaja: explica cómo una organización pequeña puede contribuir a ODS concretos sin caer en el postureo, justo lo que necesitas para anclar tu proyecto.
- Ley 5/2022 de economía circular de la Comunitat Valenciana (resumen divulgativo). Por qué encaja: muestra el marco que ya está cambiando las reglas del juego de los residuos en tu territorio y las oportunidades que abre.
Preguntas para reflexionar
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para discutir en clase o para pensar al cerrar la unidad y, sobre todo, al preparar la Fase 4:
- Piensa en tu proyecto: de cada euro que gastará, ¿cuánto se quedaría en tu pueblo o ciudad y cuánto saldría fuera? ¿Qué decisión podrías cambiar para aumentar ese retorno local?
- ¿Cuál es el punto donde tu proyecto deja más huella ecológica (materiales, energía, residuos o transporte)? ¿Qué medida circular concreta podrías aplicarle?
- El valor compartido consiste en ganar y aportar a la vez. ¿En qué parte del diseño de tu proyecto se cumple ya eso, y en cuál tendrías que esforzarte para que ocurra?
- Si tuvieras que elegir solo un ODS para tu proyecto y defenderlo en treinta segundos, ¿cuál sería y con qué prueba demostrarías que lo cumples de verdad?
Bibliografía
- Decret 108/2022, de 5 d’agost, del Consell, pel qual s’establixen l’ordenació i el currículum de Batxillerat a la Comunitat Valenciana (DOGV), anexo — Gestión de Proyectos de Emprendimiento.
- Organización de las Naciones Unidas (2015). Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Resolución A/RES/70/1.
- Porter, M. E. y Kramer, M. R. (2011). Creating Shared Value. Harvard Business Review.
- Ley 5/2022, de 29 de noviembre, de residuos y suelos contaminados para el fomento de la economía circular en la Comunitat Valenciana (BOE-A-2023-3348).
- Zuvamesa. Información de sostenibilidad y certificación «Residuo Cero» de AENOR. https://www.zuvamesa.com
- Pacto Mundial de la ONU España. Los ODS y la empresa. https://www.pactomundial.org
- Institut Valencià de Competitivitat Empresarial (IVACE). Plataforma de economía circular de la Comunitat Valenciana. https://www.ivace.es
Notas de esta unidad
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