Mapa de empatía
Seis zonas sobre una persona concreta, y aviso cuando faltan las dos de las que sale la propuesta de valor.
Un mapa de empatía describe a una persona concreta, no a un público objetivo. Ponle nombre, edad y situación: en cuanto se convierte en «los jóvenes» deja de servir para decidir nada.
Todavía no has descrito a nadie. Un mapa sin persona acaba siendo una lista de suposiciones sobre todo el mundo.
Qué piensa y siente0
Lo que de verdad le preocupa y no dice en voz alta
Qué ve1
Su entorno, lo que ve hacer a los demás, la oferta que tiene alrededor
- Compañeros que traen táper y otros que piden a domicilio cada día
Qué oye1
Qué le dicen sus amigos, su familia, quién le influye
- Que comer fuera cada día sale carísimo
Qué dice y hace1
Cómo se comporta en público y qué contradice de lo que piensa
- Dice que va a organizarse el domingo y acaba pidiendo comida
Qué le duele0
Frustraciones, obstáculos, riesgos que le dan miedo
Qué querría conseguir0
Qué considera un éxito, qué le facilitaría la vida de verdad
Cómo va el mapa
Observaciones3
Zonas sin nada3
Ya se puede pasar a la propuesta—
Has descrito lo que se ve por fuera pero no lo que le duele ni lo que querría conseguir. Ese es el fallo más común: el mapa retrata a una persona y no dice qué necesita, así que no se puede derivar ninguna propuesta de valor de él.
Los dos errores de siempre El primero es describir el producto en lugar de a la persona: si en alguna casilla aparece tu proyecto, esa observación sobra. El segundo es inventar: un mapa de empatía se rellena con lo que has oído en entrevistas, no con lo que supones. Marca de otro color lo que no has comprobado.
↗ Herramienta interactiva disponible en la versión digital del libro (profedeeconomia.es).
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