Cuándo usarla
- En la Unidad 1, al cerrar con la actitud activa frente a la pasiva: la diferencia entre las dos se mide en si hay un compromiso comprobable o no.
- Al planificar el upskilling o el reskilling: «me formaré» no es un plan; «terminaré el certificado X antes de junio» sí.
- Al final de curso, para revisar si lo que se escribió en septiembre se ha cumplido. Esa revisión es la parte que casi nunca se hace y la única que enseña algo.
Qué tener en cuenta
- La S es la que suspende casi siempre. «Mejorar», «esforzarme», «ponerme al día» describen una intención y no se pueden marcar como hechas ningún día concreto. La herramienta lo detecta por el verbo, así que no hay que discutirlo.
- La A no la aprueba: solo avisa. Compara el ritmo que exige el objetivo con el que ya se lleva, y marca aviso por encima del triple. Puede ser perfectamente alcanzable; solo merece una segunda mirada.
- Si no se sabe el ritmo actual se deja en cero y la herramienta dice que no lo comprueba, en lugar de dar la letra por buena. La distinción importa: no comprobado no es aprobado.
- Un objetivo puede pasar las cinco letras y ser el equivocado. La herramienta revisa la forma, nunca si vale la pena. Conviene repetirlo cuando alguien saque 5/5 y se quede tranquilo.
- El ritmo semanal es lo que convierte un objetivo en un plan: «un certificado en cuatro meses» no dice nada hasta que se lee como «dos temas por semana».
Para llevarla a clase
Que cada uno escriba el objetivo de empleabilidad que se plantea para los tres años siguientes al ciclo, y lo pase por la herramienta antes de enseñárselo a nadie. La consigna de salida es la misma que da la unidad: nadie termina la sesión con un objetivo sin número y sin fecha. Guarda las hojas y sácalas en junio.