Tiempo de lectura: ~30 min · Saberes: ventaja comparativa, comercio exterior de España, proteccionismo y libre comercio, globalización, Unión Europea, tipos de cambio, desigualdad global · Antes de empezar: Unidades 2, 3 y 4 (productividad y división del trabajo; cómo se forman los precios; el euro y el BCE).
Al acabar esta unidad sabrás:
- Explicar con números por qué dos países ganan comerciando aunque uno lo haga todo mejor.
- Decir qué vende y qué compra España, a quién, y leer una balanza comercial.
- Discutir con argumentos si un arancel protege o perjudica, y quién lo paga de verdad.
- Contar qué hace la Unión Europea por ti y calcular qué le pasa a tu viaje si el euro se deprecia.
Mira lo que llevas encima ahora mismo. El móvil probablemente se diseñó en California, lleva un procesador fabricado en Taiwán y una pantalla de Corea del Sur, y se ensambló en China o en la India. Las zapatillas se cosieron en Vietnam. El bocadillo del recreo es más de aquí: el pan, el jamón y el aceite, casi seguro. Pero el tomate quizá venga de Marruecos si es invierno, y el gasóleo del camión que lo trajo al mercado, de Nigeria o de Estados Unidos. En una mañana cualquiera tocáis productos de veinte países sin daros cuenta.
Nada de esto es nuevo (los romanos ya traían trigo de Egipto y seda de China), pero nunca había sido tan barato ni tan rápido. Un contenedor de doce metros cruza de Shanghái a Valencia en poco más de un mes por menos de lo que cuesta un buen móvil. Eso ha cambiado qué se produce en cada sitio, qué trabajo hay en cada país y a qué precio compráis casi todo. También ha creado dependencias: cuando en 2021 un barco se atravesó en el canal de Suez y faltaron chips en el mundo, las fábricas de coches de Martorell y de Valencia pararon líneas y mandaron a casa a miles de trabajadores.
Esta unidad recorre ese mundo en siete pasos: por qué comercian los países (y por qué conviene comerciar incluso con quien es mejor que tú en todo), qué vende y qué compra España, qué pasa cuando un país cierra la puerta con aranceles, qué es la globalización con sus luces y sus sombras, cómo funciona la Unión Europea que negocia en nuestro nombre, qué es el tipo de cambio que decide cuánto cuesta vuestro viaje a Londres y, para terminar, por qué unos países son ricos y otros pobres y qué se puede hacer al respecto.
¿Por qué comercian los países?
Nadie produce todo lo que consume
Pensad en vuestra propia casa. Nadie de la familia fabrica su ropa, cultiva su comida ni monta su móvil. Cada uno hace un trabajo, cobra por él y con ese dinero compra lo que otros han producido. Sería absurdo que una médica se hiciera sus propios zapatos: perdería horas en las que podría atender pacientes y le saldrían unos zapatos malos. En la Unidad 2 vimos que esa división del trabajo es la base de la productividad. Con los países pasa lo mismo: España podría intentar fabricar sus propios aviones, cultivar su propio café y extraer su propio petróleo, pero le saldría carísimo y mal. Le sale mucho mejor vender lo que hace bien (coches, aceite, vacaciones) y comprar con lo que gana lo que otros hacen mejor.
La primera explicación del comercio es la más intuitiva: cada país produce lo que hace mejor que nadie y compra lo que otros hacen mejor. Es lo que Adam Smith llamó en 1776 ventaja absoluta. Noruega tiene petróleo y España no; Brasil cultiva café y Alemania no; España tiene sol y playa en marzo y Reino Unido no. Tiene sentido que Noruega venda petróleo, Brasil café y España vacaciones.
Pero esta explicación tiene un agujero. ¿Qué pasa si un país es mejor en todo? Estados Unidos produce más trigo por hora de trabajo que Marruecos y también más programas informáticos. ¿Debería Estados Unidos hacerlo todo y no comprarle nada a Marruecos? La respuesta la dio en 1817 el economista inglés David Ricardo, y es una de las ideas más potentes y menos intuitivas de toda la economía.
La ventaja comparativa: el ejemplo de dos amigos
Marta y Jorge comparten piso (caso inventado pero verosímil) y se reparten dos tareas: hacer la cena y montar páginas web para vender a pequeños negocios del barrio. Marta es mejor en las dos cosas: hace una página web en 2 horas y una cena en 1 hora. Jorge tarda 8 horas en una web y 2 horas en una cena. Marta tiene ventaja absoluta en todo. Si solo miráramos eso, la conclusión sería que Marta lo hiciera todo y Jorge no hiciera nada, que es una tontería.
Miremos en cambio el coste de oportunidad (Unidad 1): a qué renuncia cada uno cuando hace una cosa en vez de la otra. Cada web le cuesta a Marta 2 horas, es decir, 2 cenas que deja de hacer. A Jorge, una web le cuesta 8 horas, o sea, 4 cenas. Al revés: a Marta cada cena le cuesta media web; a Jorge, un cuarto de web. Jorge es peor que Marta en las dos tareas, pero es relativamente menos malo cocinando: renuncia a menos web por cada cena. Ahí está su ventaja comparativa.
Comprobadlo con números. Cada uno tiene 8 horas. Si los dos se reparten el tiempo a medias, Marta produce 2 webs y 4 cenas, y Jorge, media web y 2 cenas: en total, 2,5 webs y 6 cenas. Si en cambio Jorge se dedica solo a cocinar (4 cenas) y Marta hace 3 webs y 2 cenas, el total es 3 webs y 6 cenas. Las mismas cenas y media web más, sin que nadie trabaje más horas. Ese «más» es la ganancia del comercio, y se reparte entre los dos cuando intercambian: Jorge le da cenas a Marta y Marta le paga con parte de lo que gana con las webs.
De dos amigos a dos países
Ahora cambiad a Marta y Jorge por dos países, y las webs y las cenas por trigo y tela. El razonamiento es idéntico. En el diagrama, Norpaís necesita menos horas que Surpaís para producir tanto trigo como tela: tiene ventaja absoluta en los dos bienes. Pero cada tonelada de trigo le cuesta a Norpaís solo medio metro de tela, mientras que a Surpaís le cuesta 0,83 metros. Norpaís tiene ventaja comparativa en trigo y Surpaís, aunque sea peor en todo, la tiene en tela. Si cada uno se especializa donde su coste de oportunidad es menor y luego intercambian, la producción total de los dos crece.
Ricardo lo explicó con Inglaterra y Portugal, paño y vino, y su conclusión era provocadora para la época: a Inglaterra le convenía comprar vino portugués aunque pudiera producirlo, y a Portugal comprar paño inglés. Dos siglos después, la ventaja comparativa sigue siendo la razón por la que Alemania fabrica máquinas y compra tomates, y por la que España cultiva tomates y compra máquinas. No es que España no sepa hacer máquinas: es que le sale relativamente mejor hacer otras cosas.
Dos países, dos bienes: quién se especializa en qué y cuánto ganan
Enunciado
Solandia y Nordia (países inventados) producen solo dos cosas: aceite de oliva y camisetas. La tabla indica las horas de trabajo que necesita cada país para producir una tonelada de aceite y un lote de 100 camisetas. Cada país dispone de 120 horas de trabajo.
| 1 t de aceite | 1 lote de camisetas | |
|---|---|---|
| Solandia | 2 horas | 4 horas |
| Nordia | 6 horas | 6 horas |
a) ¿Quién tiene ventaja absoluta en cada producto? b) Calcula el coste de oportunidad de cada bien en cada país y di quién tiene ventaja comparativa en qué. c) Si cada país reparte sus 120 horas a medias entre los dos productos, ¿cuánto producen entre los dos? d) Propón una especialización que aumente la producción total y un intercambio con el que los dos salgan ganando.
Solución
- Ventaja absoluta: Solandia necesita menos horas en los dos productos (2 < 6 en aceite y 4 < 6 en camisetas), así que tiene ventaja absoluta en ambos. Nordia no la tiene en nada.
- Costes de oportunidad. En Solandia, 1 t de aceite cuesta 2 horas, con las que haría medio lote de camisetas: 1 t de aceite = 0,5 lotes. Un lote de camisetas cuesta 4 horas, que son 2 t de aceite: 1 lote = 2 t de aceite. En Nordia las dos cosas cuestan 6 horas: 1 t de aceite = 1 lote y 1 lote = 1 t de aceite. Solandia renuncia a menos camisetas por cada tonelada de aceite (0,5 frente a 1): tiene ventaja comparativa en aceite. Nordia renuncia a menos aceite por cada lote de camisetas (1 frente a 2): tiene ventaja comparativa en camisetas, aunque sea peor que Solandia en todo.
- Sin especialización: Solandia dedica 60 horas a cada cosa y produce 30 t de aceite (60 / 2) y 15 lotes (60 / 4). Nordia produce 10 t de aceite (60 / 6) y 10 lotes (60 / 6). Total: 40 t de aceite y 25 lotes de camisetas.
- Con especialización: Nordia dedica sus 120 horas a camisetas y produce 20 lotes. Solandia dedica 100 horas al aceite (50 t) y 20 horas a camisetas (5 lotes), porque los dos países juntos siguen queriendo 25 lotes. Total: 50 t de aceite y 25 lotes. Las mismas camisetas y 10 toneladas más de aceite con las mismas horas: esa es la ganancia del comercio.
- Un intercambio en el que ganan los dos: la relación de cambio tiene que estar entre los dos costes de oportunidad (entre 1 y 2 t de aceite por lote). Con 1,5 t por lote, Nordia envía 10 lotes a Solandia y recibe 15 t de aceite. Nordia se queda con 10 lotes y 15 t de aceite (antes tenía 10 y 10): gana 5 t. Solandia se queda con 15 lotes y 35 t (antes 15 y 30): gana otras 5 t. Nadie ha trabajado más y los dos consumen más.
Pruébalo tú mismo: cambia las horas de la tabla y comprueba cómo se mueve la ventaja comparativa, entre qué valores tiene que estar la relación de intercambio y cuánto gana cada país.
| País | Una unidad del bien 1 cuesta (Aceite) | Una unidad del bien 2 cuesta (Tela) |
|---|---|---|
| España | 2 Tela | 0,5 Aceite |
| Portugal | 3 Tela | 0,33 Aceite |
España produce más de los dos bienes. Aun así, no se queda con los dos: quien manda es el coste relativo.
Si cada uno se especializa del todo. El mundo produce 120 Aceite · 180 Tela.
Para que el intercambio interese a los dos, una unidad del bien 1 tiene que valer entre 2 y 3 unidades del bien 2.
Por debajo del límite inferior, el país que exporta el bien 1 preferiría producir él mismo el bien 2. Por encima del superior, el que lo importa preferiría producirlo él. La teoría delimita el rango, pero no dice en qué punto del rango se cierra el trato: eso es negociación.
Dentro del rango: los dos ganan · España exporta el bien 1
El punto de consumo queda fuera de la frontera de cada país: eso es exactamente lo que aporta el comercio, consumir más de lo que se puede producir.
Cómo se calcula
Coste de oportunidad de una unidad del bien 1: máximo del bien 2 ÷ máximo del bien 1. El del bien 2 es su inverso.
Ventaja absoluta: produce más en términos absolutos. No decide quién se especializa.
Ventaja comparativa: renuncia a menos del otro bien. Como los costes son inversos, cada país tiene la suya en un bien distinto.
Ganancia del intercambio: lo que recibe menos lo que habría podido producir por su cuenta con los recursos que libera.
↗ Herramienta interactiva disponible en la versión digital del libro (profedeeconomia.es).
Dinámica de aula Ventaja comparativa: dos «países» en clase La clase se divide en dos países que primero producen aislados y luego se especializan y comercian. Con fichas y una tabla, el alumnado comprueba en una sesión que los dos consumen más que antes. Abrir el recurso →Una idea con letra pequeña
La ventaja comparativa dice que el país en conjunto gana con el comercio. No dice que gane todo el mundo dentro del país. Cuando Solandia se especializa en aceite, sus fábricas de camisetas cierran y quienes trabajaban en ellas tienen que cambiar de oficio, mudarse o quedarse en paro. La ganancia total es mayor que la pérdida, así que en teoría se podría compensar a los perdedores y aún sobraría; en la práctica esa compensación no siempre llega. Buena parte de las discusiones sobre comercio, aranceles y globalización que veremos en esta unidad giran alrededor de esa letra pequeña.
Qué vende y qué compra España
Exportaciones: coches, comida, medicinas y sol
Una exportación es algo que se produce en España y se vende fuera; una importación, algo producido fuera que se compra aquí. En 2024 España exportó bienes (cosas que se pueden tocar) por cerca de 384.000 millones de euros, más de un tercio de lo que produce en un año (Secretaría de Estado de Comercio, Informe de comercio exterior, 2024). ¿Qué hay en esos contenedores y camiones?
- Coches y componentes. España es el segundo fabricante de automóviles de la Unión Europea, tras Alemania: en 2024 salieron de sus fábricas unos 2,4 millones de vehículos, y cerca de nueve de cada diez se vendieron fuera (ANFAC, 2024). Las plantas de Martorell, Valencia, Zaragoza, Vigo o Valladolid trabajan sobre todo para Francia, Alemania, Reino Unido o Italia. El sector del automóvil supone en torno al 14 % de las exportaciones de bienes.
- Alimentos y bebidas. Alrededor del 19 % de lo exportado. España produce cerca de la mitad del aceite de oliva del mundo (Consejo Oleícola Internacional, campaña 2024/25), es el primer exportador mundial de cítricos frescos y, desde 2020, el primer productor de carne de cerdo de la Unión Europea (Ministerio de Agricultura, 2024). Las naranjas de Valencia, el jamón, el vino y las fresas de Huelva son marcas país.
- Productos químicos y farmacéuticos. Un 16 % aproximadamente, y creciendo: los medicamentos están entre los diez productos que más vende España fuera.
- Bienes de equipo: maquinaria, aerogeneradores, material ferroviario, aparatos eléctricos. Otro 19-20 %.
Falta lo más grande, y no cabe en un contenedor: el turismo. Cuando una familia alemana pasa una semana en Benidorm está comprando un servicio producido en España, igual que si comprara un coche de Martorell. Por eso el turismo es una exportación de servicios. En 2024 llegaron a España 93,8 millones de turistas internacionales, un récord, que gastaron unos 126.000 millones de euros (INE, Frontur y Egatur 2024). El turismo aporta en torno al 12 % del PIB (INE, Cuenta Satélite del Turismo). Ninguna otra «industria» española exporta tanto.
Importaciones: energía y tecnología
En 2024 España importó bienes por unos 424.000 millones de euros (Secretaría de Estado de Comercio, 2024). Los dos grandes capítulos son los dos agujeros de nuestra economía:
- Energía. España no tiene petróleo ni apenas gas: compra casi todo el que consume. En 2022, con la guerra de Ucrania, la factura energética exterior se disparó por encima de los 80.000 millones; en 2024 bajó a unos 60.000 millones, todavía la mayor partida de importación (Secretaría de Estado de Comercio). Cada vez que el precio del barril sube, España se empobrece un poco; por eso las renovables (Unidad 2) son también una cuestión de comercio exterior.
- Tecnología. Móviles, ordenadores, chips, robots industriales. Casi todo lo que lleva un procesador viene de Asia, y China es desde hace años el primer proveedor de España.
También importamos muchos coches (los que se fabrican aquí no son los que más se compran aquí), productos químicos, ropa y alimentos que no producimos o no en la cantidad necesaria.
Con quién comerciamos
Lo primero que sorprende del mapa es lo cerca que están nuestros clientes. Alrededor de dos tercios de lo que España vende se queda en la Unión Europea. Francia es el primer cliente (en torno al 15 % de las exportaciones), seguida de Alemania (10 %), Portugal (9 %), Italia (8 %), Reino Unido (6 %) y Estados Unidos (5 %). Entre los proveedores aparece un nombre nuevo: China es el primer país al que España compra (alrededor del 11 % de las importaciones), por delante de Alemania y Francia (Datacomex, 2024). Es decir, vendemos sobre todo a los vecinos y compramos sobre todo a Asia, con la energía llegando de Estados Unidos, Argelia, Nigeria o Arabia Saudí.
Tiene lógica: el comercio es más intenso con quien está cerca, comparte moneda y no pone aduanas, y eso es exactamente lo que ofrece la Unión Europea, como veremos en la quinta sección.
La balanza comercial y la balanza por cuenta corriente
Si en 2024 España exportó bienes por 384.000 millones e importó por 424.000, vendió menos de lo que compró: unos 40.000 millones de diferencia. A ese resultado se le llama saldo de la balanza comercial, y cuando es negativo hablamos de déficit comercial. España lo tiene casi todos los años, sobre todo por la energía.
Esa es la clave para leer bien las cifras españolas. En bienes perdemos, pero en servicios ganamos mucho: solo el turismo deja cada año decenas de miles de millones más de los que los españoles gastan fuera. Sumando todo, España tuvo en 2024 un superávit por cuenta corriente de alrededor del 3 % del PIB, uno de los mayores de su historia (Banco de España, Balanza de Pagos 2024). Dicho de forma sencilla: cada año el resto del mundo nos debe un poco más de lo que le debemos. No siempre fue así: antes de 2008, España tenía uno de los mayores déficits del mundo, se financiaba con deuda exterior, y cuando el crédito se cortó llegó la crisis.
¿Proteccionismo o libre comercio?
Si el comercio beneficia a los países, ¿por qué casi todos ponen obstáculos? Porque, como vimos en la letra pequeña de la ventaja comparativa, dentro de cada país hay ganadores y perdedores, y los perdedores votan, protestan y presionan. A las políticas que limitan las importaciones para proteger a los productores nacionales se las llama proteccionismo; a la ausencia de esos obstáculos, libre comercio. Ningún país está en un extremo puro: la discusión es siempre cuánto y para quién.
Las herramientas: aranceles, cuotas y subvenciones
- Arancel. Un impuesto sobre un producto importado, normalmente un porcentaje de su valor, que se paga en la aduana. Si Estados Unidos pone un arancel del 15 % al aceite español, una botella que el importador compraba por 10 dólares le cuesta 11,50 al entrar. El arancel encarece el producto extranjero, lo hace menos competitivo frente al nacional y, de paso, da ingresos al Estado que lo cobra.
- Cuota (o contingente). Un límite a la cantidad que se puede importar: por ejemplo, «solo pueden entrar 50.000 toneladas de azúcar al año». Es más rígida que el arancel, porque por mucho que la gente quiera comprar, no entra más.
- Subvención. Dinero público a los productores nacionales para que puedan vender más barato. No cierra la frontera, pero desnivela el terreno: el productor extranjero compite contra una empresa que recibe ayuda. La Política Agraria Común de la UE, que veremos más adelante, funciona en parte así.
- Barreras no arancelarias. Normas técnicas, sanitarias o burocráticas que en la práctica dificultan importar: la UE, por ejemplo, prohíbe la entrada de carne de vacuno tratada con hormonas o de pollo lavado con cloro alegando seguridad alimentaria. A veces la razón sanitaria es real y a veces es una excusa para proteger; distinguirlo es objeto de disputas constantes.
Quién gana y quién pierde con un arancel
Volved a la pregunta del caso de apertura. Cuando Estados Unidos pone un arancel al aceite español pasan varias cosas a la vez, y conviene seguirlas una a una con lo que sabéis de la Unidad 3 sobre precios:
- El consumidor estadounidense pierde: paga más por el aceite, o compra uno peor, o compra menos. El arancel lo recauda la aduana estadounidense, pero lo paga sobre todo quien compra allí. Los estudios sobre los aranceles de Estados Unidos a China de 2018-2019 encontraron que casi todo el coste acabó en los precios que pagaban las familias y empresas estadounidenses (Amiti, Redding y Weinstein, Journal of Economic Perspectives, 2019).
- El productor estadounidense de aceite gana: California produce algo de aceite de oliva y ahora compite contra un rival más caro. Puede subir su precio y vender más.
- El productor español pierde: vende menos en Estados Unidos, o baja su precio para compensar parte del arancel y gana menos por botella.
- El Estado que lo cobra ingresa dinero, aunque normalmente menos de lo que pierde el consumidor.
- El país afectado suele responder con aranceles a productos del otro, y la escalada perjudica a los dos. Las guerras comerciales rara vez tienen un ganador claro.
En conjunto, la mayoría de los economistas concluye que un arancel destruye más valor del que crea: la pérdida del consumidor es mayor que la ganancia del productor protegido y del Estado. Pero fijaos en el reparto: la pérdida está muy repartida (millones de consumidores pagan unos céntimos más) y la ganancia muy concentrada (unos pocos productores ganan mucho). Los que ganan se organizan y presionan; los que pierden apenas lo notan. Por eso hay aranceles.
Cuándo tiene sentido proteger
No todo el proteccionismo es un error. Hay argumentos serios para proteger a un sector durante un tiempo, y conviene conocerlos para discutir en serio:
- Industria naciente: una industria nueva necesita años para aprender y alcanzar el tamaño de sus rivales; si se la expone desde el primer día a la competencia mundial, muere antes de crecer. Corea del Sur protegió a sus fabricantes de coches y electrónica en los años setenta y ochenta, y hoy Hyundai y Samsung compiten con cualquiera.
- Seguridad y sectores estratégicos: nadie quiere depender por completo de otro país para comer, para tener medicinas o para fabricar chips. La pandemia de 2020, cuando faltaban mascarillas porque casi todas se hacían en China, lo dejó claro.
- Competencia desleal: si un país vende por debajo de coste para hundir a los rivales (dumping) o subvenciona masivamente a sus empresas, un arancel puede restablecer el equilibrio. La UE aplicó en 2024 aranceles adicionales a los coches eléctricos chinos con ese argumento.
- Empleo y territorio: cerrar una fábrica en una comarca pequeña destruye una comunidad entera, no solo unos puestos de trabajo. Dar tiempo para reconvertirse tiene un valor que no aparece en el cálculo de la ventaja comparativa.
El problema es que todos estos argumentos pueden usarse como excusa. La industria naciente que «necesita unos años» lleva a veces cincuenta protegida, y el «sector estratégico» acaba siendo cualquiera con buenos contactos en el Gobierno.
La OMC: las reglas del juego
Para evitar que cada país haga la guerra comercial por su cuenta existe la Organización Mundial del Comercio (OMC), con sede en Ginebra, creada en 1995 sobre un acuerdo anterior de 1947 (el GATT). Reúne a 166 países (OMC, 2024), que se comprometen a tres cosas: no discriminar entre socios (la ventaja que le des a uno se la das a todos), tratar al producto importado igual que al nacional una vez ha pagado el arancel, y negociar rebajas de aranceles de forma progresiva. También tiene un sistema de arbitraje: si un país cree que otro incumple, puede denunciarlo y la OMC decide. Gracias a esas rondas de negociación, el arancel medio mundial bajó de cerca del 40 % tras la Segunda Guerra Mundial a menos del 5 % hoy. Desde 2019 el sistema de arbitraje está medio bloqueado porque Estados Unidos no nombra jueces, y los aranceles de 2025 se han aplicado al margen de la OMC. Es la mayor crisis de la organización en treinta años.
2025: los aranceles de Estados Unidos y el olivar
Los aranceles del 15 % que cerró el acuerdo de julio de 2025 no fueron la primera vez que el olivar español sufría una aduana estadounidense, y conviene mirar el precedente con datos, porque el efecto de 2025 todavía se está midiendo cuando escribimos esto. El acuerdo dejó fuera de momento al vino y a los licores, que los productores europeos pedían exentos, y abrió un periodo de incertidumbre: cada bodega y cada cooperativa tuvo que decidir si bajaba el precio para conservar clientes, buscaba otros mercados o esperaba. Cuando en vuestra clase leáis esta unidad, buscad el dato: ¿cuánto aceite y vino vendió España a Estados Unidos en 2025 y 2026 respecto a 2024? Esa comparación, hecha con los datos de Datacomex, es el mejor ejercicio posible sobre aranceles.
Debate en clase ¿Proteccionismo o libre comercio? Debate parlamentario de 50 minutos sobre si abrir las fronteras enriquece a todos o si el Estado debe proteger sectores estratégicos y empleo. Dos equipos, moderación y rúbrica. Abrir el recurso →La globalización
Qué es
Hasta aquí hemos hablado de países que se venden cosas. La globalización es algo más grande: es el proceso por el que las economías del mundo se han ido conectando hasta funcionar casi como una sola. No solo circulan más mercancías; circulan personas, dinero, empresas, información y hasta series de televisión. Una fábrica en Vietnam cose para una marca de Oregón que vende en Valencia con dinero prestado por un banco de Fráncfort, y vosotros os enteráis de la novedad por una aplicación de California. Eso es la globalización.
El viaje de un móvil y de unas zapatillas
Dad la vuelta a un iPhone y leed la letra pequeña: «Designed by Apple in California. Assembled in China». Entre esas dos frases hay un mundo. El diseño y el software se hacen en Cupertino (California). El procesador lo fabrica una empresa taiwanesa, TSMC, que produce la mayoría de los chips más avanzados del planeta. La pantalla viene de Samsung o LG, en Corea del Sur. La memoria, de Japón o Corea. Los sensores de la cámara, de Sony. Los minerales de la batería (litio, cobalto) salen de Chile, Australia o la República Democrática del Congo. Todo eso viaja a las fábricas de Foxconn en China (y, cada vez más, en la India), donde cientos de miles de trabajadores lo ensamblan. Y de allí, en avión, a la tienda de Valencia.
Lo más revelador es quién se queda con el dinero. Un estudio clásico de la Universidad de California (Kraemer, Linden y Dedrick, 2011) desmontó un iPhone y repartió su precio de venta entre los países que participaban: el ensamblaje en China, que es lo que aparece en la etiqueta, se quedaba con menos del 2 % del valor; los fabricantes de componentes de Corea, Japón y Taiwán, con algo más; y Apple, con más de la mitad, por el diseño, la marca y el software. La lección es que en una cadena global de valor el dinero no está en fabricar, sino en diseñar, inventar y vender. Por eso los países que solo ensamblan quieren dejar de ser solo ensambladores, y China lo está consiguiendo.
Con unas zapatillas pasa parecido. Nike no tiene fábricas: diseña en Oregón y contrata la producción a fábricas independientes. En su último informe anual, la mitad de su calzado se hizo en Vietnam, algo más de un cuarto en Indonesia y menos de un quinto en China (Nike, Informe anual 2024). Hace veinte años, la mayoría se hacía en China; hace cuarenta, en Corea y Taiwán. La cadena se mueve hacia donde el trabajo es más barato, y cada país que se enriquece deja paso al siguiente.
Proyecto con Geografía El viaje de un producto: sigue la cadena global En equipos, trazáis la cadena de valor de un producto real (móvil, camiseta, chocolate) en un mapa: dónde se hace cada fase, quién se queda con cada euro y qué explica esa geografía. Abrir el recurso →Deslocalización y relocalización
Cuando una empresa traslada su producción a otro país donde le sale más barata hablamos de deslocalización. Es la cara más visible (y más dolorosa) de la globalización: la fábrica que cierra en una comarca española para abrir en Marruecos, Polonia o China. El sector textil valenciano y catalán la vivió con dureza en los años noventa y dos mil, cuando miles de talleres no pudieron competir con la ropa asiática.
Pero la cadena también se mueve en sentido contrario. Desde la pandemia, muchas empresas han descubierto que fabricar a diez mil kilómetros es barato hasta que un barco se atasca o una fábrica cierra por un confinamiento, y han acercado producción: es la relocalización (traer la producción de vuelta) o el nearshoring (llevarla a un país cercano). Inditex, la empresa española más global, explica en sus informes que más de la mitad de su ropa se fabrica en «proximidad»: España, Portugal, Marruecos y Turquía, para poder reponer en tiendas en semanas y no en meses (Inditex, Memoria anual 2024). Marruecos se ha convertido en una gran fábrica de coches y cables para Europa: el puerto de Tánger Med, a 40 kilómetros de Algeciras, mueve hoy más contenedores que cualquier puerto español.
Luces: precios, variedad y salida de la pobreza
Los defensores de la globalización tienen tres argumentos fuertes, y los tres se pueden comprobar con datos.
- Precios. Una camiseta, un televisor o un móvil cuestan hoy, en horas de trabajo, una fracción de lo que costaban en 1990. Un televisor de 32 pulgadas costaba en 2005 más de 1.000 euros; hoy, menos de 200. El motivo es que se fabrica donde sale más barato y llega en contenedor. Las familias con menos ingresos, que gastan una parte mayor de su renta en bienes, son las que más se benefician.
- Variedad. En el supermercado de vuestro barrio hay mangos de Perú, salmón de Noruega, café de Colombia y arroz de Tailandia. En la tienda, ropa de cien marcas de veinte países. Hace cincuenta años, no.
- Salida de la pobreza. Es el dato más importante de la unidad: la proporción de personas en el mundo que vive en pobreza extrema (con menos de 2,15 dólares al día) pasó de cerca del 38 % en 1990 a menos del 10 % en 2024 (Banco Mundial, Poverty and Inequality Platform, 2025). Más de mil millones de personas salieron de la miseria en una generación, la mayoría en China, la India, Vietnam o Bangladés, exactamente los países que se enchufaron a las cadenas globales de valor. La fábrica de Vietnam que cose zapatillas por un salario que nos parece ridículo paga, a menudo, el doble que el campo del que viene la trabajadora.
Sombras: condiciones laborales, medio ambiente y dependencia
Las críticas son igual de serias, y también se pueden documentar.
- Condiciones laborales. El 24 de abril de 2013 se derrumbó en Daca (Bangladés) el edificio Rana Plaza, que albergaba cinco talleres textiles que cosían para marcas europeas y estadounidenses. Murieron 1.134 personas, la mayoría mujeres jóvenes; el día anterior habían aparecido grietas y se les obligó a entrar igualmente. Fue el peor accidente de la historia de la industria de la ropa y obligó a las marcas a firmar acuerdos de seguridad. Pero la pregunta de fondo sigue abierta: ¿es aceptable que una camiseta de 5 euros exista gracias a jornadas de 12 horas por 100 euros al mes?
- Medio ambiente. Mover mercancías por medio mundo consume energía: el transporte marítimo emite alrededor del 3 % de los gases de efecto invernadero mundiales (Organización Marítima Internacional, 2023). Y trasladar fábricas a países con normas ambientales más laxas no reduce la contaminación: la cambia de sitio. En la Unidad 2 hablamos de sostenibilidad; la globalización es uno de los lugares donde se decide.
- Dependencia. Cuando todo se hace en un solo sitio, un problema en ese sitio es un problema para todos. En 2020 faltaron mascarillas y respiradores porque se fabricaban casi exclusivamente en China. En 2021 faltaron chips. Y en marzo de 2021 bastó un barco cruzado para parar una parte del comercio mundial.
La misma lección la dio el silicio. Durante 2021 y 2022, la falta de semiconductores (los chips que llevan todos los coches, móviles y electrodomésticos) paralizó fábricas en todo el mundo. En España, SEAT en Martorell y Ford en Almussafes pararon líneas y aplicaron ERTE a miles de trabajadores durante semanas; la producción española de coches cayó en 2021 a unos 2,1 millones, frente a los 2,8 millones de 2019 (ANFAC). La causa era una cadena demasiado concentrada: una sola empresa taiwanesa fabrica alrededor del 90 % de los chips más avanzados. La respuesta de la Unión Europea fue la Ley de Chips de 2023, que moviliza 43.000 millones de euros para que Europa fabrique una quinta parte de los chips del mundo en 2030 (Reglamento (UE) 2023/1781). Es proteccionismo estratégico, del que discutíamos en la sección anterior, y muestra que la globalización no se detiene, pero sí cambia de forma.
La Unión Europea
Cuando en el caso de apertura Estados Unidos puso aranceles, España no negoció: negoció la Unión Europea. No es un detalle. Desde 1986, la política comercial de España (qué aranceles cobra, con quién firma acuerdos) no la decide Madrid, sino Bruselas, en nombre de los veintisiete países miembros. A cambio, España negocia con el peso de un mercado de 450 millones de personas, en lugar de con el de 49. Entender la UE es entender buena parte de la economía española.
De la CECA al euro: setenta años en siete pasos
Cómo seis países en guerra acabaron compartiendo moneda
- 1951: la CECA. Seis años después de la Segunda Guerra Mundial, Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo crean la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (Tratado de París). La idea del ministro francés Robert Schuman era sencilla: si el carbón y el acero (lo que hace falta para fabricar cañones) se gestionan en común, la guerra entre Francia y Alemania se vuelve «no solo impensable, sino materialmente imposible».
- 1957: los Tratados de Roma. Los seis crean la Comunidad Económica Europea (CEE): una unión aduanera, es decir, sin aranceles entre ellos y con un arancel común hacia fuera. Empieza la Política Agraria Común.
- 1986: entra España. El 1 de enero de 1986, España y Portugal se incorporan a la CEE, once años después de la muerte de Franco. Para España supuso abrir su economía, modernizar la agricultura y la industria con fondos europeos y multiplicar su comercio con Europa. Ese mismo año, el Acta Única Europea pone fecha al mercado único.
- 1993: el mercado único y la Unión Europea. El Tratado de Maastricht (1992) crea la Unión Europea y decide que habrá una moneda común. El 1 de enero de 1993 desaparecen las aduanas interiores: las cuatro libertades que veremos ahora.
- 2002: el euro en el bolsillo. El euro existe como moneda contable desde 1999, pero el 1 de enero de 2002 los billetes y monedas sustituyen a la peseta en España y a otras once monedas. Hoy lo usan veinte países (Bulgaria se incorporó como vigésimo primero el 1 de enero de 2026).
- 2004: la gran ampliación. Diez países, la mayoría del antiguo bloque soviético (Polonia, Hungría, Chequia, los bálticos…), entran de golpe. Con Bulgaria y Rumanía (2007) y Croacia (2013), la UE llega a 28 miembros.
- 2020: el Brexit y Next Generation EU. El 31 de enero de 2020 Reino Unido se convierte en el primer país que abandona la UE, que queda en 27. Meses después, en plena pandemia, los Veintisiete acuerdan endeudarse juntos por primera vez para financiar la recuperación.
El mercado único: cuatro libertades
El corazón económico de la UE es el mercado único: los 27 países funcionan como si fueran uno solo para cuatro cosas, que se conocen como las cuatro libertades.
- Libre circulación de mercancías. Un producto fabricado legalmente en cualquier país de la UE se puede vender en cualquier otro sin aranceles, sin aduanas y sin volver a pasar controles. Por eso un camión de naranjas de Castellón llega a Múnich como si fuera a Zaragoza. Hacia fuera, los 27 aplican el mismo arancel (la unión aduanera).
- Libre circulación de servicios. Una empresa de un país puede ofrecer sus servicios en otro: un arquitecto español puede diseñar en Portugal, una aseguradora alemana vender en España.
- Libre circulación de personas. Cualquier ciudadano de la UE puede vivir, estudiar y trabajar en cualquier otro país miembro sin permiso de trabajo. Es lo que hace posible el Erasmus y lo que permite a vuestros primos trabajar en Berlín o Dublín. El espacio Schengen añade que tampoco hay control de pasaportes en la mayoría de fronteras interiores.
- Libre circulación de capitales. El dinero se mueve sin restricciones: una familia puede abrir una cuenta en otro país, una empresa invertir donde quiera.
Fijaos en que las cuatro son exactamente lo que el Brexit deshizo. Es la mejor forma de entender qué valen.
El euro y el BCE
Veinte de los veintisiete países (veintiuno desde 2026) comparten además la moneda: el euro. En la Unidad 4 vimos que lo emite el Banco Central Europeo, que fija los tipos de interés para toda la zona con el objetivo de una inflación del 2 %. Para el comercio, el euro tiene una ventaja enorme: una empresa de Alicante que vende zapatos a Italia cobra en su propia moneda, sin cambiar dinero, sin comisiones y sin riesgo de que el tipo de cambio le arruine el negocio entre que factura y cobra. Antes de 1999, esa misma empresa tenía que convertir liras en pesetas y rezar para que la lira no se devaluara. Que cerca de dos tercios de las exportaciones españolas vayan a países de la UE tiene mucho que ver con eso.
El euro también tiene un coste, que vimos con la inflación de 2022: los países que lo comparten no pueden tener cada uno su propia política monetaria ni devaluar su moneda para vender más barato. Cuando en 2010-2012 Grecia, Irlanda, Portugal y España atravesaron la crisis de la deuda, se comprobó la debilidad de compartir moneda sin compartir presupuesto. Next Generation EU es, en parte, la respuesta a aquello.
Quién decide en Bruselas
La UE no es un país, pero tampoco es solo un club. Tiene instituciones propias que aprueban normas que valen en los 27, desde la garantía de tres años de vuestros móviles (Unidad 7) hasta el cargador USB-C común. Conviene conocer las principales, porque aparecen en las noticias casi a diario.
- La Comisión Europea es el «gobierno» de la Unión: 27 comisarios, uno por país, presididos desde 2019 por Ursula von der Leyen. Es la única que puede proponer leyes, y además vigila que se cumplan y negocia los acuerdos comerciales en nombre de todos. Fue la Comisión quien negoció con Estados Unidos en 2025.
- El Parlamento Europeo representa a la ciudadanía: 720 diputados elegidos cada cinco años (61 por España), que aprueban o rechazan las leyes junto con el Consejo y controlan a la Comisión. Tiene sede en Estrasburgo y Bruselas.
- El Consejo de la Unión Europea representa a los gobiernos: los ministros de cada país, reunidos por materias (los de Agricultura deciden sobre la PAC, los de Economía sobre presupuestos). Codecide las leyes con el Parlamento.
- El Consejo Europeo es la cumbre de presidentes y primeros ministros de los 27. No hace leyes: marca las grandes prioridades (fue el que aprobó Next Generation EU en julio de 2020).
- El Tribunal de Justicia de la UE, en Luxemburgo, interpreta el derecho europeo y garantiza que se aplique igual en todos los países. Y el BCE, en Fráncfort, es la institución independiente que gestiona el euro.
El presupuesto: la PAC, los fondos y Next Generation EU
La UE tiene un presupuesto pequeño en comparación con el de un Estado: alrededor del 1 % de lo que producen sus miembros, financiado sobre todo con aportaciones de cada país según su riqueza. Para 2021-2027 son unos 1,2 billones de euros (Comisión Europea, marco financiero plurianual). Dos partidas se llevan más de la mitad:
- La Política Agraria Común (PAC), en torno a un tercio del presupuesto: ayudas directas a agricultores y ganaderos y fondos para el desarrollo rural. España es el segundo receptor tras Francia, con alrededor de 7.000 millones de euros al año (Ministerio de Agricultura, Plan Estratégico de la PAC 2023-2027). Buena parte de los olivares de Jaén de la foto anterior reciben ayudas de la PAC.
- Los fondos de cohesión, otro tercio: dinero para que las regiones más pobres se acerquen a las más ricas. Las autovías, los AVE, las depuradoras y muchos polígonos industriales de Andalucía, Extremadura, Galicia o Castilla-La Mancha llevan el cartel azul de las estrellas.
A todo eso se sumó en 2020 algo nuevo. Para salir de la crisis de la pandemia, los 27 acordaron que la Comisión se endeudara en nombre de todos por 750.000 millones de euros (a precios de 2018) y los repartiera entre los países más golpeados: es Next Generation EU. España es la segunda receptora tras Italia, con alrededor de 160.000 millones de euros, unos 80.000 en transferencias que no hay que devolver y el resto en préstamos baratos (Gobierno de España, Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, adenda de 2023). Ese dinero ha pagado, entre 2021 y 2026, desde el Kit Digital para pequeñas empresas hasta la rehabilitación de viviendas, fábricas de baterías, formación profesional y el bono cultural joven. Si en vuestro instituto han cambiado los ordenadores o las ventanas en estos años, es probable que lo haya pagado Europa.
Qué gana España
Más allá de los fondos, hay cosas que dais por hechas y que existen porque España está en la UE:
- Erasmus+. Desde 1987, más de quince millones de europeos han estudiado o hecho prácticas en otro país con el programa. España es el destino favorito de toda Europa y uno de los países que más estudiantes envía: decenas de miles cada curso (SEPIE, 2024). Es la libre circulación de personas hecha beca.
- Roaming. Desde el 15 de junio de 2017, usar el móvil en cualquier país de la UE cuesta lo mismo que en casa («Roam like at home», Reglamento (UE) 2022/612, en vigor hasta 2032). En Londres o en Marrakech, en cambio, lo notaréis en la factura.
- Derechos como consumidores: la garantía de tres años, el derecho a devolver una compra por internet en 14 días o las compensaciones por retrasos en vuelos son normas europeas.
- Peso en el mundo: un país de 49 millones de habitantes negocia con China o con Estados Unidos como parte de un mercado de 450 millones. El acuerdo de 2025, con todos sus defectos, lo negoció la UE; la alternativa era negociar solos.
Tipos de cambio: cuánto vale tu euro fuera
Qué es el tipo de cambio
Todo lo anterior funciona sin problemas dentro de la zona euro porque compartimos moneda. Pero en cuanto compráis un producto estadounidense, viajáis a Londres o una empresa española vende aceite en Nueva York, aparece un precio nuevo: el de la propia moneda.
El euro no ha valido siempre lo mismo. Nació en 1999 valiendo 1,17 dólares, cayó hasta 0,83 en octubre de 2000, subió hasta casi 1,60 en julio de 2008 y en los últimos años se ha movido entre 1 y 1,20. En enero de 2025 un euro se cambiaba por alrededor de 1,04 dólares; en septiembre de 2025, por unos 1,17 (BCE, tipos de referencia). Es decir, en nueve meses el euro se apreció más de un 12 % frente al dólar. Con la libra, un euro valía en 2025 en torno a 0,85-0,87 libras.
Por qué sube o baja
El tipo de cambio es un precio, y como todos los precios de la Unidad 3 se mueve por la oferta y la demanda. En este caso, la demanda de euros. ¿Quién necesita comprar euros?
- Quien quiere comprar productos europeos: un importador estadounidense de aceite tiene que pagar en euros, así que vende dólares y compra euros. Cuanto más exporta Europa, más demanda de euros y más sube.
- Quien quiere visitar Europa: los 94 millones de turistas que llegan a España cambian sus dólares, libras o yenes por euros.
- Quien quiere invertir en Europa: comprar una empresa, acciones o deuda pública en euros. Aquí entra el BCE (Unidad 4): si los tipos de interés en la zona euro suben más que en Estados Unidos, los ahorros del mundo vienen a Europa buscando ese interés, compran euros y el euro se aprecia. Cuando el BCE bajó tipos en 2024-2025 y la Reserva Federal estadounidense también, la comparación entre los dos movió el euro/dólar semana a semana.
- Quien confía en la economía europea. Las expectativas cuentan: si se teme una crisis en Europa, se venden euros; si se teme en Estados Unidos, se compran. Buena parte de la subida del euro en 2025 se atribuyó a la incertidumbre creada por los propios aranceles estadounidenses.
Al revés, los europeos que compran productos estadounidenses, viajan a Nueva York o invierten en Wall Street venden euros y compran dólares, y empujan el euro hacia abajo. El tipo de cambio es el punto en el que esas dos corrientes se equilibran, y cambia cada segundo.
Tu viaje a Londres o a Nueva York
Aquí es donde el tipo de cambio deja de ser abstracto. Supongamos que habéis ahorrado 500 euros para un viaje de fin de curso a Londres. Con un euro a 0,85 libras, tenéis 425 libras para gastar. Si el euro se aprecia y pasa a 0,90 libras, los mismos 500 euros son 450 libras: vuestro viaje es un 6 % más barato sin haber ahorrado más. Si el euro se deprecia a 0,80, os quedáis con 400 libras y las entradas del musical se os van del presupuesto. Lo mismo con Nueva York: entre enero y septiembre de 2025, un viaje de 1.000 euros pasó de valer 1.040 dólares a valer 1.170 dólares. Los que viajaron en verano ganaron 130 dólares de regalo.
Y lo que os conviene a vosotros como viajeros perjudica a otros. Cuando el euro se aprecia, el aceite español es más caro para el importador estadounidense (que necesita más dólares por cada euro) y, encima del arancel del 15 %, eso hace que se venda menos; los turistas americanos y británicos encuentran España más cara y quizá elijan Turquía. Cuando el euro se deprecia, pasa lo contrario: las exportaciones se abaratan y vender fuera es más fácil, pero el petróleo (que se paga en dólares) y el iPhone se encarecen para todos. No hay un tipo de cambio «bueno»: depende de si compráis fuera o vendéis fuera.
Convertir monedas y ver qué hace una depreciación con un viaje, una importación y una exportación
Enunciado
En enero el tipo de cambio es 1 € = 1,10 $. En junio, el euro se ha depreciado y el tipo de cambio es 1 € = 1,00 $.
a) Una familia ha ahorrado 2.000 € para un viaje a Nueva York. ¿Cuántos dólares tiene en enero y cuántos en junio? ¿Cuánto ha perdido en dólares? b) Una tienda de informática de Murcia importa portátiles que cuestan 1.100 $ cada uno. ¿Cuánto le cuesta cada portátil en euros en enero y en junio? c) Una cooperativa de Jaén vende aceite a Estados Unidos a 10 € la botella. ¿Cuánto paga el importador estadounidense en dólares en enero y en junio? ¿Le conviene la depreciación del euro? d) Si ahora Estados Unidos aplica un arancel del 15 % a esa botella, ¿cuánto pagará el importador en junio?
Solución
- El viaje. En enero: 2.000 € × 1,10 = 2.200 $. En junio: 2.000 € × 1,00 = 2.000 $. La familia tiene 200 dólares menos para gastar sin haber tocado sus ahorros: un euro más débil encarece viajar fuera de la zona euro.
- La importación. Para convertir dólares a euros se divide por el tipo de cambio. En enero: 1.100 $ / 1,10 = 1.000 €. En junio: 1.100 $ / 1,00 = 1.100 €. El mismo portátil cuesta 100 € más (un 10 %). La tienda tendrá que subir el precio o ganar menos, y lo mismo les pasa a todos los que compran petróleo, gas, chips o móviles fuera. Por eso una depreciación fuerte del euro empuja la inflación (Unidad 4).
- La exportación. Para pasar euros a dólares se multiplica. En enero, la botella de 10 € cuesta al importador 10 × 1,10 = 11,00 $. En junio, 10 × 1,00 = 10,00 $. La cooperativa sigue cobrando sus 10 € por botella, pero para el cliente estadounidense el aceite es un 9 % más barato, así que venderá más. Al importador y al exportador les conviene la depreciación; a la familia del viaje y a la tienda de portátiles, no.
- Con arancel. A los 10,00 $ de junio se les suma el 15 %: 10,00 × 1,15 = 11,50 $. Fijaos en que la depreciación del euro (de 11,00 a 10,00 $) casi ha compensado el arancel: el importador acaba pagando 11,50 $, solo medio dólar más que en enero sin arancel. Es una de las razones por las que los efectos de los aranceles de 2025 son difíciles de medir: el tipo de cambio se movía a la vez, y en la dirección contraria.
Desigualdad global y desarrollo
Países ricos y países pobres
El comercio y la globalización han hecho crecer al mundo, pero no de forma uniforme. Las diferencias entre países siguen siendo enormes, y la forma más sencilla de verlas es el PIB per cápita: lo que produce un país en un año dividido entre sus habitantes (Unidad 2). En 2023, un habitante de Luxemburgo producía de media alrededor de 130.000 dólares; uno de España, unos 33.000; uno de la India, unos 2.500; uno de Burundi, unos 200 (Banco Mundial, 2023). Es decir, un luxemburgués medio produce en un día lo que un burundés en casi dos años.
El PIB per cápita mide dinero, y el dinero no lo es todo. Por eso Naciones Unidas publica desde 1990 el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que combina tres cosas: la renta, la esperanza de vida y los años de escolarización. Va de 0 a 1. Islandia, Noruega y Suiza encabezan la lista con más de 0,96; Sudán del Sur, Somalia y la República Centroafricana la cierran por debajo de 0,40; España, con 0,918, está entre los treinta países con mayor desarrollo humano del mundo (PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2025, datos de 2023). Fijaos en que algunos países con mucho petróleo tienen un PIB per cápita alto y un IDH mucho más bajo: tener dinero no es lo mismo que tener escuelas y hospitales.
¿Por qué unos países son ricos y otros pobres? No hay una sola respuesta, y los economistas llevan dos siglos discutiéndola. Pesan la historia (el colonialismo, que organizó economías enteras para extraer materias primas), la geografía (el clima, el acceso al mar), la calidad de las instituciones (si hay leyes que se cumplen, si la corrupción es la norma, si hay guerra) y, sí, el comercio: los países que han conseguido enchufarse a las cadenas globales de valor con algo más que materias primas han crecido mucho más rápido que los que exportan solo petróleo o cacao.
Comercio justo, cooperación al desarrollo y ODS
Frente a esa desigualdad hay tres respuestas que os encontraréis en el supermercado, en las noticias y quizá en vuestro futuro trabajo.
- Comercio justo. Es un sistema de certificación que garantiza que el productor de cacao, café o plátano de un país pobre ha cobrado un precio mínimo por encima del mercado, más una prima para proyectos de su comunidad, y que no ha habido trabajo infantil. El sello más conocido es Fairtrade, creado en 1997, con cerca de dos millones de agricultores y trabajadores en su sistema (Fairtrade International, 2024). Su lógica es sencilla: en una cadena global de valor el que menos se lleva es el que está al principio, y el comercio justo intenta corregirlo con el precio.
- Cooperación al desarrollo. En 1970, Naciones Unidas fijó que los países ricos deberían dedicar el 0,7 % de su renta a ayuda al desarrollo. Cincuenta años después, solo un puñado lo cumple (Noruega, Suecia, Luxemburgo, Dinamarca y Alemania en 2023, según la OCDE). España dedicó en 2024 en torno al 0,25 % (OCDE), y la Ley 1/2023 de Cooperación para el Desarrollo Sostenible se compromete a llegar al 0,7 % en 2030. El debate sobre si la ayuda funciona es intenso: hay economistas que sostienen que ha salvado millones de vidas (vacunas, malaria) y otros que critican que ha sostenido gobiernos corruptos.
- Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En 2015, los 193 países de la ONU aprobaron la Agenda 2030 con 17 objetivos medibles: fin de la pobreza, hambre cero, educación de calidad, igualdad de género, acción por el clima, trabajo decente… Los habéis visto en carteles del instituto. Son la agenda común del desarrollo y sirven para medir, cada año, qué se avanza y qué no.
Migraciones y remesas
Cuando la gente no puede exportar productos, se exporta a sí misma. Las migraciones son el movimiento más humano de la globalización, y también uno de los más importantes económicamente. En 2024, los emigrantes enviaron a sus familias en países de renta baja y media unos 685.000 millones de dólares en remesas, más de lo que esos países recibieron en inversión extranjera y tres veces más que en ayuda al desarrollo (Banco Mundial, Migration and Development Brief, diciembre de 2024). La India recibió cerca de 130.000 millones; México, unos 68.000. Para países como Nepal, Honduras o El Salvador, las remesas superan una quinta parte del PIB. Desde España salieron alrededor de 10.000 millones de euros en 2024 (Banco de España, Balanza de Pagos), enviados sobre todo a Colombia, Marruecos, Ecuador, Rumanía o Senegal por personas que trabajan aquí. Y España, que fue país de emigrantes hasta los años setenta, es hoy uno de los grandes receptores: casi uno de cada cinco residentes ha nacido en el extranjero (INE, 2025), y sin esa población la afiliación a la Seguridad Social que vimos en la Unidad 5 llevaría años bajando.
Qué viene después en este curso
Con esta unidad cerráis el Bloque I, la parte de economía del curso, y abrís la tercera evaluación. Habéis recorrido el camino entero: por qué hay que elegir (Unidad 1), cómo se produce y crece un país (Unidad 2), cómo los mercados fijan precios (Unidad 3), qué es el dinero y quién lo vigila (Unidad 4), cómo funciona el trabajo (Unidad 5), qué hace el Estado (Unidad 6), cómo gestionar vuestro dinero (Unidades 7 y 8) y, ahora, cómo encaja España en el mundo.
Las tres unidades que quedan cambian de escala: pasan del país a la empresa. La Unidad 10 explica qué es una empresa, qué formas jurídicas puede tener y cómo se organiza por dentro, y veréis que muchas de las empresas de las que hablaremos exportan, importan o compiten con productos de fuera exactamente por las razones de esta unidad. La Unidad 11 mira a la persona emprendedora y a cómo nacen las ideas, y la Unidad 12 os propone convertir una en un proyecto con modelo de negocio, prototipo y presentación. Cuando tengáis que decidir dónde fabricar vuestro producto o a quién vendérselo, la ventaja comparativa y el tipo de cambio volverán a aparecer.
Glosario
- Ventaja absoluta: capacidad de un país o persona para producir un bien con menos recursos (horas, tierra, dinero) que otro.
- Ventaja comparativa: capacidad de producir un bien con un coste de oportunidad menor que otro país, es decir, renunciando a menos cantidad de otros bienes. Es la que decide la especialización y el comercio.
- Exportación e importación: venta al exterior de bienes o servicios producidos en el país (exportación) y compra de bienes o servicios producidos fuera (importación). El turismo es una exportación de servicios.
- Balanza comercial: diferencia entre lo que un país exporta y lo que importa en bienes durante un año. Si es negativa hay déficit comercial; si es positiva, superávit.
- Balanza por cuenta corriente: la balanza comercial más los servicios, las rentas y las transferencias con el exterior. España tiene déficit comercial y superávit por cuenta corriente.
- Arancel: impuesto que se cobra en la aduana a un producto importado, normalmente como porcentaje de su valor.
- Cuota o contingente: límite a la cantidad de un producto que se puede importar en un periodo.
- Proteccionismo y libre comercio: políticas que limitan las importaciones para proteger a los productores nacionales (proteccionismo) frente a la ausencia de esos obstáculos (libre comercio).
- Dumping: vender en el extranjero por debajo del coste de producción para eliminar a los competidores locales.
- OMC (Organización Mundial del Comercio): organización internacional con sede en Ginebra que fija las reglas del comercio entre sus 166 miembros y arbitra sus disputas.
- Globalización: integración creciente de las economías del mundo a través del comercio, los movimientos de capitales y personas y la difusión de la tecnología.
- Cadena global de valor: reparto de las fases de producción de un bien (diseño, componentes, ensamblaje, venta) entre empresas de distintos países.
- Deslocalización y relocalización: traslado de la producción a otro país con costes más bajos (deslocalización) y su vuelta al país de origen o a uno cercano (relocalización o nearshoring).
- Mercado único: espacio de la Unión Europea en el que mercancías, servicios, personas y capitales circulan libremente entre los 27 Estados miembros.
- Tipo de cambio: precio de una moneda expresado en otra. Una moneda se aprecia cuando pasa a comprar más unidades de otra y se deprecia cuando compra menos.
- Remesas: dinero que las personas emigrantes envían a sus familias en su país de origen.
Para profundizar
Si la unidad os ha dejado con ganas de más, estos recursos son gratuitos y fiables:
- Datacomex (datacomex.comercio.es), la base de datos de comercio exterior de la Secretaría de Estado de Comercio. Por qué encaja: permite ver, en dos clics, cuánto aceite vendió España a Estados Unidos cada mes desde 1995; es la herramienta con la que podéis medir vosotros mismos el efecto de los aranceles de 2025.
- Our World in Data, sección «Trade and Globalization» y «Poverty» (ourworldindata.org, Universidad de Oxford). Por qué encaja: gráficos interactivos con la caída de la pobreza extrema, el crecimiento del comercio mundial y el reparto de la riqueza entre países, con las fuentes de cada dato a la vista.
- «La UE y yo», portal de la Oficina de Publicaciones de la Unión Europea (op.europa.eu), con la guía La Unión Europea: ¿qué es y qué hace?. Por qué encaja: explica en lenguaje llano y con mapas cómo funcionan las instituciones, qué es el mercado único y a qué se dedica el presupuesto europeo.
- Dollar Street (gapminder.org/dollar-street), de la fundación Gapminder. Por qué encaja: fotos de hogares reales de todo el mundo ordenados por ingresos mensuales, desde 30 hasta 10.000 dólares; en diez minutos entendéis qué significa la desigualdad global mejor que con cualquier tabla.
Preguntas para reflexionar
Estas preguntas no tienen una respuesta única. Sirven para debatir en clase o pensar a solas al cerrar la unidad:
- La ventaja comparativa dice que a España le conviene comprar máquinas a Alemania y venderle tomates, aunque pudiera fabricar máquinas. ¿Os parece bien que un país acepte «especializarse» en lo que hace relativamente mejor, aunque eso signifique renunciar a tener cierta industria? ¿Hay sectores en los que no deberíamos depender de nadie?
- Una camiseta de 5 euros existe porque alguien la cose en Bangladés por un salario que aquí sería ilegal, pero que allí es mejor que las alternativas. ¿Comprarla es aprovecharse de esa persona o darle una oportunidad? ¿Cambiaría vuestra respuesta si la camiseta costara 15 euros y llevara un sello de comercio justo?
- Desde 1986, España ha recibido de la Unión Europea fondos agrícolas, de cohesión y de recuperación, y ha cedido a cambio la política comercial, la moneda y muchas leyes. Si mañana se convocara un referéndum como el británico, ¿qué argumentos económicos daríais a favor y en contra? ¿Y cuáles no son económicos?
Bibliografía
- España. Real Decreto 217/2022, de 29 de marzo, por el que se establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Secundaria Obligatoria. BOE núm. 76. (Competencia específica 6: comprender aspectos básicos de la economía y las finanzas.)
- Ricardo, D. (1817). On the Principles of Political Economy and Taxation (capítulo VII, «On Foreign Trade»). Edición en castellano: Principios de economía política y tributación, Fondo de Cultura Económica.
- Secretaría de Estado de Comercio. Informe mensual de comercio exterior, diciembre de 2024 y base de datos Datacomex. https://comercio.gob.es/ImportacionExportacion/Informes_Estadisticas/
- Instituto Nacional de Estadística. Estadística de movimientos turísticos en fronteras (Frontur) y Encuesta de gasto turístico (Egatur), año 2024. https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176996&menu=ultiDatos&idp=1254735576863
- Banco de España. Balanza de Pagos y Posición de Inversión Internacional de España, 2024. https://www.bde.es/webbe/es/estadisticas/temas/sector-exterior.html
- Comisión Europea. Joint Statement on a United States-European Union framework on an agreement on reciprocal, fair and balanced trade (21 de agosto de 2025). https://policy.trade.ec.europa.eu/
- Banco Mundial. Migration and Development Brief 41: Remittances Slow in 2024 (diciembre de 2024) y Poverty, Prosperity and Planet Report 2024. https://www.worldbank.org/
- Mankiw, N. G. Principios de economía (capítulos «Interdependencia y ganancias del comercio» y «Aplicación: el comercio internacional»). Cengage. (Manual de referencia para la ventaja comparativa y los efectos de un arancel.)
El economista camuflado
Los capítulos «Por qué los países pobres son pobres» y «La cerveza, las patatas fritas y la globalización» explican con ejemplos de Camerún, China y una fábrica de patatas fritas por qué el comercio enriquece, por qué a veces no llega a todos y qué pasa dentro de una cadena global de valor. Se lee como un reportaje.
Capítulos 8 y 9
Planet Money Makes a T-Shirt
Un equipo de periodistas fabrica su propia camiseta y sigue cada paso: el algodón de Misisipi, la hilatura en Indonesia, la costura en Bangladés y Colombia y el barco de vuelta. Es la cadena global de valor de esta unidad, filmada.
https://www.youtube.com/results?search_query=planet+money+makes+a+t-shirt
@ICEX_
La cuenta oficial de ICEX España Exportación e Inversiones publica cada mes las cifras de comercio exterior, cuenta historias de empresas españolas que exportan y avisa de los cambios de aranceles y acuerdos comerciales. Es la fuente, no un intermediario.
El pasaporte de tu mochila
Elige cinco cosas que lleves en la mochila o encima (móvil, zapatillas, sudadera, bolígrafo, cargador) y averigua dónde se fabricó cada una (etiqueta, caja, web del fabricante) y, si puedes, dónde se diseñó y de dónde vienen sus componentes principales. Sitúa cada país en un mapa y anota qué crees que aporta cada uno (diseño, materia prima, mano de obra). Trae una frase por objeto: ¿en qué eslabón de la cadena crees que se queda la mayor parte del precio que pagaste?
Notas de esta unidad
Anota lo que quieras recordar de «Economía internacional: comercio, globalización y Unión Europea». Se guarda solo en este dispositivo.
Para el aula
Herramientas
Proyectos interdisciplinares
- Diseña, prototipa y pon precio: un producto que cubre sus costes Unidad de referencia para 4.º ESO: design thinking (empatizar, definir, idear, prototipar, testear) y construcción de un prototipo de baja fidelidad con materiales de aula. Permite adaptar el proyecto a ESO sin exigir todavía el aparato de costes completo.